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Viviendas “sin VTV”, la otra odisea de los inquilinos: nadie controla en qué estado se ofrecen y los precios suben

La tendencia se agrava por la poca oferta y la sufren quienes buscan dónde vivir. Se encuentran con espacios chicos y deficiencias estructurales, como falta de pintura, caños rotos y artefactos que no andan.

“La mancha de humedad del pasillo medía tres por cuatro y seguía creciendo. En la planta baja había un olor agobiante a perro encerrado y pis. El piloto del calefón se incendió. Todas las canillas perdían. La lluvia del bidet no cortaba, era una mini fuente. El primer día se inundó el baño. El aire acondicionado perdía agua. El hierro de las hornallas estaba quebrado. Pagaba $ 45.000 por mes de alquiler”. 

No es una película de terror ni una tragicomedia. Es una historia en pleno centro geográfico porteño, y a cambio de un sueldo mínimo al mes. Leandro Africano (51), docente universitario, hace un esfuerzo para resumir el martirio que sufrió en el departamento que pensaba habitar tres años, como fijaba el contrato. Se fue a los seis meses, porque nadie se muere por vivir así, pero tampoco es esa manera de vivir.

“Visité un lugar con un horno que, para abrirlo, había que pararse de costado, porque el sector de cocina medía lo mismo. Después de ver eso, huí despavorida”, recuerda la cocinera Paula Castro (38). El tamaño es cada vez más un problema: los departamentos se encogen como ropa barata y hasta 18 metros cuadrados es una medida legal. Hay ambientes subdivididos que se ofrecen como dos. Pero la superficie no es mala solo en cantidad. Es cada vez peor en calidad.

Como un PH de cuatro ambientes en Almagro que se ofrece a $ 90.000 por mes aunque prácticamente haya que demolerlo. El triste hallazgo fue difundido por @aboutageekgirl en Twitter. En este aviso de una inmobiliaria de Villa Crespo se promocionaba la propiedad como en “estado intermedio”, aunque luego fue modificado por “regular”. Así traducen las paredes sin revoque, los azulejos rotos o faltantes, la pileta rematada con chapas, todo similar a un set de Okupas.

Muchas de las viviendas que se ofrecen en alquiler tienen el precio del mercado, pero tienen déficits en la pintura, los artefactos de gas y agua y no están listos para ser habitados.Muchas de las viviendas que se ofrecen en alquiler tienen el precio del mercado, pero tienen déficits en la pintura, los artefactos de gas y agua y no están listos para ser habitados.

“Es lo que hay, y está caro”

Así se resume el mercado de renta por estas pampas, con exceso de propiedades en venta y escasez de las que se ofrecen en alquiler. Los propietarios no ven rentable alquilar su inmueble y los retiran del mercado. O bien aumentan sabiendo que habrá quien lo pague.

Los precios parecen no seguir una lógica palpable. Se pagan $ 30.000 por un departamento de 75 metros cuadrados en San Telmo, y $ 50.000 por uno de 40 en Palermo. Dos ejemplos reales pero no extremos, que también los hay. Mientras tanto, el mantenimiento de lo ofrecido es cuestión de voluntad y, pese a la Ley de Alquileres, no hay instancias estatales donde reclamar y hacer cumplir las obligaciones de los propietarios.

Todo, en un contexto en que los alquileres superan ampliamente la inflación. Según un relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), el costo de alquilar un dos ambientes en la Ciudad aumentó 67,2% en los últimos doce meses, mientras que la variación interanual de precios en general fue del 55,1%.

“Sería deseable que, así como existe VTV para autos, hubiera una verificación de departamentos viejos, que fueron habilitados cuando se inauguraron y después nunca más”, observa la arquitecta Griselda Balian, integrante del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) y con amplia práctica en edificios de renta. Con el paso de los años, todo tiende a fallar y hay que cambiar calefones, rellenar grietas, reparar sanitarios y picaportes, y revisar caños.

Mercado inmobiliario. Hay poca oferta, los precios suben y cada vez más se ponen en alquiler departamentos que suman problemas.Mercado inmobiliario. Hay poca oferta, los precios suben y cada vez más se ponen en alquiler departamentos que suman problemas.

¿Y el Código?

“Las viviendas de hasta 18 metros cuadrados en el nuevo Código Urbanístico y de Edificación (CUr) fueron un guiño al mercado para que haga viviendas cada vez más chicas y de peor calidad, porque es más rentable”, opina Leandro Vera Belli, sociólogo e investigador del área de Derechos Económicos, Sociales y Culturales del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Desde la presidencia del CPAU, Emilio Rivoira opina en cambio que “no es todo problema del Código, que define estándares mínimos de calidad de los materiales, particularmente sobre seguridad, incendios y aislaciones térmicas y acústicas. Solo que a veces se cumplen más en vivienda social desarrollada por el Estado, por los controles que se le hacen”.

“El Gobierno porteño controla las construcciones en la Ciudad. Me consta que van cuatro técnicos distintos a verificar estos estándares”, sostiene Balian. ¿Cómo es posible entonces que en las nuevas edificaciones se escuche cuando el vecino usa el inodoro, se ducha o estornuda? “Es parte de lo que pasa en el mundo en general -prosigue Balian-. Todo se fabrica más barato, desde cosas de plástico hasta autos y hasta edificios”.

No todo lo que brilla es oro

Los edificios a estrenar tampoco son garantía: hay cada vez más complejos construidos con materiales baratos y cuyas unidades ni siquiera tienen lo necesario para una comodidad mínima. Con la excusa de dar la opción de elegir el piso, muchas se entregan solo con cemento alisado. Faltan toalleros, jaboneras y portavasos. Y las persianas son una rareza, por lo que hay que gastar en cortinas black out.

“Cerca de Plaza Mafalda están levantando un edificio con caños de baja calidad y paredes de Durlock. Me lo dijeron los propios contratistas. Los venden premium -relata el periodista Pablo Rubín (54), vecino de Palermo y frecuentador de Colegiales-. ¿Comprarías un dos ambientes de medio palo verde con paredes de cartón?”, se pregunta.

Más barato se edifica, mayor rentabilidad. “Por la falta de tanques de reserva, la presión en las cañerías es tal que el agua debe escapar por las válvulas de seguridad de los termotanques”, explica Fabián Gabriel Gómez (56), titular de AFGInstalaciones.com y miembro de la comisión directiva de la Asociación de Instaladores de Gas, Agua y Sanitarios de la República Argentina (AIGASRA).

Es esa presión la que puede afectar incluso las conexiones de artefactos que usan agua. Le pasó a Mariana Gandolfo (27) en el departamento que alquilaba en Parque Patricios, del que debió irse por esa razón. “Se salió la manguera que iba al lavavajillas, se inundó el departamento y el agua se filtró hacia abajo. Pagué todos los arreglos porque la administración me intimó”, cuenta. Incluso cambió todo el piso ya que, al ser flotante, se hinchó con el agua y quedó lleno de ondulaciones.

“En agua no hay controles de organismos específicos, que te digan por ejemplo cuál es el flexible adecuado. Se importan materiales a granel que no cumplen normativas”, señala Gómez. Y lamenta: “Ahora muchos albañiles hacen la instalación de electricidad aunque no estén matriculados. Incluso del gas, aunque después habilite un gasista”.

“En algunos casos hasta se alquila con luz de obra, algo prohibido que se hace para obtener ganancia incluso antes de tener las habilitaciones”, señala Vera Belli.

En estos edificios construidos en serie, no todo lo que brilla es oro y hasta puede ser una tortura. Como ocurre con los tan frecuentes pisos de tonos claros en cocina y baño, en los que cualquier mancha resalta. Hay motivos comerciales detrás de esa elección: el porcelanato blanco hace lucir más luminosos y grandes los espacios. En definitiva, es probable que quien compra ese tipo de departamentos jamás lo use.

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