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Un año de coronavirus y más de 50.000 muertos: las historias de los que perdimos y no pudimos despedir

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El 3 de marzo de 2020 comenzó la pandemia en la Argentina. El 7, falleció Guillermo Gómez, la primera víctima de COVID-19. Aquí, diez casos emblemáticos que narran cómo se esparció el dolor por el país

Nos acostumbramos a demasiadas cosas. Nos acostumbramos a convivir, desde hace un año, con un reporte diario de las cifras de la pandemia. Nos acostumbramos a esa palabra, “pandemia”, y también a medirla en números, porque ponerles nombre es demasiado doloroso. ¿Cómo naturalizar la crueldad de no poder despedir a nuestros muertos, de hijos viendo morir a sus padres a través de una ventana o un teléfono, de familias sin derecho a velar a los que amaron?

Casi 53.000 personas murieron en la Argentina por coronavirus, la mayoría tenía más de 60 años y patologías previas. Recordar hoy algunas de sus historias es un intento de darles esa despedida que tantos no pudieron tener. Una forma de duelo colectivo que nos permita honrarlos para seguir adelante.

Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país
Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país

El primero en morir fue un sobreviviente

Las tragedias de las personas, como las de los países, a veces se superponen de la manera más dolorosa. La primera de las víctimas de COVID-19 en la Argentina fue un militante político y social que pasó su vida en el exilio después de ser secuestrado y torturado por la Triple A. Guillermo Abel Gómez murió el 7 de marzo de 2020.

Hacía solo seis años que había regresado de Francia junto a su mujer, Nelly. Pero allí quedó su hija María Eugenia, a la que visitaron el verano pasado cuando todavía se sabía poco y nada de la pandemia. No era un viaje más: habían ido a conocer a su nieta. Volvieron el 25 de febrero. Los síntomas comenzaron dos días después: fiebre y dolor de garganta.

En los 70, Guillermo trabajaba como recolector de basura y militaba en el Movimiento Villero Peronista en las villas de emergencia de Soldati cuando él y su compañera embarazada fueron secuestrados. Lograron escapar a Europa antes de la dictadura militar con la ayuda de curas que conocían del barrio. Su hija nació en París. Pero las cosas allá tampoco fueron fáciles: Guillermo consiguió un puesto de lavacopas y, más tarde, como ordenanza en un organismo público francés en donde con el tiempo lo eligieron delegado. También fue parte de los grupos que denunciaban la desaparición de personas en la Argentina. Nunca dejó de extrañar su patria.

Hace cinco años, pudo por fin instalarse con Nelly en un PH en San Telmo. La lucha de toda una vida le había dejado secuelas en el cuerpo: era diabético, hipertenso y tenía insuficiencia renal. Un viejo compañero de militancia fue el que lo cargó en un taxi y lo llevó al hospital Argerich porque la ambulancia no llegaba. Se habían reencontrado en 2019. Dicen que era “un gordo querible y solidario, sencillo, vehemente, capaz, calentón y un extraordinario contador de anécdotas”.

No estuvo aislado, sino en una unidad coronaria: recién en la autopsia se determinó la causa de su muerte. Guillermo tuvo al menos esa suerte frente a los muertos de Covid que le seguirían: no murió solo.

Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.
Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.

Luis: del festejo a la fatalidad

El miedo y la necesidad de encontrar explicaciones, certezas y culpables a toda costa nos hicieron señalar con el dedo a familias que ya estaban atravesadas por el desconsuelo. Luis María Suárez murió el 1 de abril de 2020. Tenía 78 años y era diabético e hipertenso. Dos semanas antes había podido reunir a todo el clan para la fiesta de 15 de su nieta en un salón de La Reja. Otro de sus nietos, Eric Luciano Torales, de 24 años, había vuelto de Miami el día anterior y, pese a que un decreto presidencial ya señalaba la obligatoriedad de aislarse durante 14 días al llegar del exterior, no quiso perderse el cumpleaños de su prima.

Torales, que es empleado bancario, ingresó con síntomas de coronavirus en la Clínica Adventista de Belgrano al día siguiente. Había estado bailando y conversando con varios de los cien invitados al festejo. Se cree que así fue como infectó a una docena de personas, entre ellos el disc-jockey, la cumpleañera, la madre de Torales y su abuelo Luis María. Suárez fue internado en la Clínica Mariano Moreno el 22 de marzo. “Durante la internación evolucionó desfavorablemente, manifestó distrés respiratorio y requirió asistencia respiratoria mecánica”, informó la Secretaría de Salud de Moreno. Su nieto ya no volvió a verlo. Ni siquiera pudo despedirlo ni ir a su entierro. Fue procesado por el juez Néstor Barral como “autor penalmente responsable del delito de propagación de enfermedad peligrosa y contagiosa culposa agravada por el resultado de enfermedad y muerte”. Y juzgado con crueldad por la opinión pública; convertido en un símbolo de la letalidad de la imprudencia, tuvo que cerrar todas sus redes sociales por el aluvión de críticas. Su pecado nos hubiera parecido absurdo en cualquier otro contexto: no faltar a una fiesta familiar.

Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria
Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria

Liliana, la médica humilde que trabajó hasta el final

Fue la primera médica en contagiarse en el país, y el primer caso en La Rioja. Liliana del Carmen Ruiz era una mujer humilde que había superado lo inimaginable para llegar a ejercer su profesión. Tenía 52 años, estaba casada, era madre de dos hijos y pediatra. De origen humilde, su padre era panadero y su madre una empleada doméstica que murió de cáncer cuando ella tenía solo 12 años.

Su hija menor, Sofía, contó en un posteo en Facebook que su mamá creció jugando con muñecas de trapo: en su casa no había dinero, “pero sí mucho amor y pan calentito”. Se fue a estudiar medicina a Córdoba cuando terminó la secundaria: vivió de pensión en pensión y “tomando sopa todas las noches para no gastar”.

Con 20 años y en plena cursada, recibió un diagnóstico que puso en pausa su carrera: cáncer de cuello de útero. Pero salió adelante y se recibió. A los 33, ya casada con el padre de sus hijos, la salud volvió a jugarle una mala pasada: se enteró de que tenía artritis reumatoidea y celiaquía. Sin embargo, ni el dolor crónico pudo quitarle la entrega por sus pequeños pacientes. “Se acordaba de todos –recordó Sofía–. Estoy segura de que a un tercio de ellos los atendió gratis. No le importaba: sabía lo que era estar del lado de quien no tiene nada”.

Hasta el 20 de marzo del año último repartió sus consultas entre el Hospital Vera Barros y la Clínica Mercado de La Rioja. Allí la internaron ese día por problemas respiratorios. Los primeros estudios indicaron dengue. Cuando el hisopado de coronavirus dio positivo, fue una sorpresa: no había viajado al exterior ni podía identificar en qué momento había estado en contacto con personas contagiadas. Fue la primera en morir de Covid-19 en su provincia, el 31 de marzo de 2020. Su hija contó el desgarro de un duelo que con el tiempo y los muertos llegamos a normalizar: nadie pudo estar ahí para rezar por ella, para sostener su mano, ni para darle un beso. Cientos, en cambio, honraron en las redes la memoria de esa mujer que había puesto la misión de curar niños incluso por encima de su propia salud.

Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC
Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC

Rosario: demasiado pronto

Y llegó un día en que supimos que el virus también podía ser impiadoso con los más chicos. El 12 de junio de 2020 el COVID-19 se cobró a la más inocente de sus víctimas en la Argentina. Rosario Zamudio tenía 8 años y su mamá tampoco pudo sostener su mano chiquita en el minuto final. Alicia Iriarte, una madre soltera de 23 años, se despidió de su hija con un beso el 11 de junio por la noche. Le dijo “te amo” y le acarició la cara. Estaban, las dos, en la fría sala de terapia intensiva del sanatorio Nuestra Señora del Rosario de San Salvador de Jujuy. Una hora atrás había llegado el resultado del test de coronavirus: era positiva. El protocolo indicaba que debía ser trasladada al Hospital Materno Infantil de la ciudad, y Alicia pensó que en unos días volverían a estar juntas. Rosario murió el domingo 12 a las seis de la tarde. Su mamá nunca más la vio. Ni viva, ni muerta.

Alicia, gendarme y hasta hace poco en pareja con Andrea (“la segunda mamá de Rosario”), le contó a Infobae entonces que su hija “tenía una patología preexistente. Había nacido prematura, a los ocho meses del embarazo, con parálisis cerebral y EPOC”. Su papá le dió el apellido, y eso fue todo lo que hizo. Alicia se hizo cargo de todo. “¡No sabés lo que luchó mi hija por vivir! Por cómo había nacido, no le daban ni dos semanas de vida. Le hablabas y ella se conectaba, se sonreía. La peleó hasta lo último. Siempre fuimos muy fuertes porque estábamos juntas. Nunca nos separamos: en las internaciones, donde ella estaba, yo también. Fue muy amada, muy querida por su familia y todos quienes la conocieron”.

Alicia trató de darle la mejor vida: “Siempre quisimos que la pase bien. Aunque era como una bebé grande, que no caminaba y estaba en la cama o en su sillón, bailaba. Con todo, tuvimos buenos momentos. Pude llevarla a un cine, a un parque, le encantaba la calesita. Ella no jugaba, no hablaba, pero tuve una hija maravillosa”.

Rosario fue internada un viernes por una obstrucción respiratoria por una bacteria que ya le había colonizado los pulmones. Al día siguiente, sin embargo, llegó el resultado del hisopado positivo de coronavirus. Alicia fue separada de su hija y solo obtuvo noticias por teléfono. Tres partes lacónicos y definitivos. El de la mañana decía que estaba estable. El del mediodía, como un mazazo, “que se preparara para lo peor”. Y el de las siete de la tarde, que había fallecido. “Yo no la podía ver. No me dejaron ni acercarme para vestirla”, relató quebrada. Logró finalmente, que le concedieran un derecho básico: “Me autorizaron a esperar su féretro a la salida de la morgue. Pude tocar el cajón, que tenía una funda, y decirle que la amaba. Lo único que quería era despedirme”.

Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente
Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente

Ramona, la referente

Ramona Medina tenía 42 años. Era tucumana y amaba bailar. Se había convertido en una referente barrial de la Villa 31, en donde compartía una casa sin agua con su pareja, sus hijas Maia y Guadalupe (que tiene Síndrome de West y Síndrome de Aicardi, no puede hablar ni comer ni sostener su postura sin ayuda y requiere oxígeno todas las noches) su cuñada de 62 años, su cuñado de 68, su sobrino con problemas cardíacos y su sobrina diabética. El 3 de mayo de 2020, en un video difundido por la organización La Poderosa, denunció la dura realidad de muchas familias como la suya: “Nos piden que nos higienicemos, que nos lavemos las manos, que tengamos mayor cuidado, que nos pongamos tapabocas, que no salgamos a la calle ¿Y con qué lo hacemos si no tenemos agua?”.

Ramona era diabética e insulino dependiente, pero sobre todo tenía miedo por la salud de Guadalupe. Una semana después de su mensaje, fue diagnosticada con coronavirus e internada en grave estado, sedada y conectada a un respirador en la terapia intensiva del Hospital Muñiz. Fuerte como era, murió el 17 de mayo. Aislada, como todos los que mueren por coronavirus, justo ella que había construido una red para que tantos se sintieran menos solos en su vulnerabilidad.

Solo en la Ciudad, 18.593 personas se contagiaron y 295 murieron de COVID-19 en barrios populares desde que comenzó la pandemia según datos del gobierno porteño. Ramona Medina les puso nombre y apellido.

El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)
El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)

Gabriel, o la pérdida de lo cotidiano

Gabriel Torranzo vivía y murió en Vicente López, territorio bonaerense. Pero seis veces por semana llenaba de flores su esquina de Las Cañitas. Era el único de su familia que vivía en Buenos Aires, todos los demás seguían en su San Luis natal. Es lo que más les dolió a sus vecinos, que perdieron con él la natural belleza de lo cotidiano: saber que ninguno de sus parientes pudo despedirse de él, ni siquiera su única hija.

Gabriel tenía 57 años y durante tres décadas había vendido flores en Matienzo y Soldado de la Independencia. Era hincha de River y le gustaba hablar con todo el mundo. Su puesto olía a jazmines.

Llegó al Hospital de Vicente López con una neumonía. Ya internado le diagnosticaron coronavirus. Su situación se agravó, estuvo en Terapia Intensiva tres semanas, intubado, hasta que mejoró. Entonces lo extubaron, se despertó varias veces, y parecía que se iba a recuperar. Pero el 30 de junio de 2020 sufrió varios infartos de los que no lo pudieron sacar.

Después de su muerte, los comerciantes y los vecinos de Las Cañitas convirtieron su puesto en un santuario. Cada barrio tuvo este año su Gabriel, el símbolo de esas pérdidas que nos enfrentaron con la realidad de un virus tan capaz de quitarnos el olfato como de robarnos el perfume de lo conocido.

El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías
El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías

Juan: morir en el frente de batalla

Durante la primera etapa de la cuarentena, los médicos eran aplaudidos cada noche y hasta los noticieros hacían una pausa a las 21 en punto para marcar la hora del saludo a los que estaban en la primera línea de batalla. Con el tiempo, el foco se corrió y los homenajes se espaciaron. Pero las sirenas no dejaron de sonar nunca.

Juan Lobel tenía 47 años y cuatro hijos. Fue el primer médico del SAME en morir a causa de la pandemia. Integraba el sistema de atención de emergencias porteño desde octubre de 2017. No tenía patologías previas y había elegido estar ahí donde más lo necesitaban. En junio de 2020 contrajo coronavirus y fue internado en el Sanatorio Güemes de Palermo, donde trabajaba. Murió dos meses más tarde, el 29 de agosto. El domingo 30, sus compañeros hicieron una emotiva despedida en el Obelisco. Con un gran despliegue de ambulancias y un helicóptero sobrevolando la Plaza de la República, los médicos hicieron sonar las sirenas cerca del mediodía. Volvieron entonces los aplausos.

“Es un día difícil para nosotros. Venimos a despedir a un compañero y amigo. Espero que Dios lo tenga en el cielo; era un buen tipo que nos va a seguir acompañando”, dijo el titular del SAME, Alberto Crescenti, que a la vez destacó el trabajo del resto de sus colegas. Recordar a Juan es tener presente la lucha cotidiana de miles de profesionales que siguen en el frente.

Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual

Paola, la vocación hasta el último minuto

Paola de Simone tenía 46 años y era una reconocida politóloga y profesora de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Murió el 2 de septiembre mientras dictaba una clase virtual. Los minutos previos a su desvanecimiento quedaron registrados y fueron sus alumnos quienes intentaron socorrerla cuando ella les indicó que tenía problemas para respirar.

Apenas unos días antes había contado en su cuenta de Twitter sobre las dificultades del coronavirus: “Está muy complicado. Llevo más de cuatro semanas y los síntomas no se van. Un amigo nuestro está complicado. Mi marido está agotado por trabajar tanto en este momento (médico de terapia y emergencias). Llega a más público y daña más”. Paola estaba casada con Leandro hacía diez años y tenían una hija. Y los cientos de mensajes que inundaron las redes después de su partida dicen que era tal como la refleja ese tuit: una mujer que se preocupaba primero por los demás; el cansancio del hombre que amaba, la salud de su amigo.

Nunca dejó de estudiar. Se había graduado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, tenía un MBA de la Universidad Torcuato Di Tella, y se había especializado en Recursos Humanos. Pero su pasión era la docencia. Era adorada por sus colegas y alumnos de la Universidad de Buenos Aires, de la Di Tella y de la UADE, en donde trabajó durante los últimos quince años.

Los estudiantes que asistían al zoom la acompañaron hasta el final, impotentes desde sus casas. Llegaron a preguntarle cuál era su dirección, para enviarle una ambulancia, pero ella estaba descompensada. Solo atinó a responder: “No puedo”. En uno de los últimos posteos que compartió en las redes se ve un dibujo de ella que hizo su hijita, que la pintó con capa y antifaz, y el puño en alto. Una heroína que vivió su vocación hasta el final.

Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza
Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza

Mariela no pudo conocer a su hijo

Mariela Romero tenía 38 años y esperaba con ansias la llegada de su primer hijo. Estaba casada con Fredy y el suyo era un embarazo muy buscado. Durante 14 años había trabajado como enfermera en el hospital de Villa Regina, en Río Negro. Aunque la pandemia había cambiado su rutina: para cuidar su embarazo realizaba actividades administrativas desde su casa, en la localidad de General Enrique Godoy.

Faltaba poco para que naciera el bebé cuando contrajo coronavirus. Su marido también se contagió. El 18 de septiembre fue sometida a una cesárea en el hospital donde trabajaba. Lucio nació en buen estado de salud y negativo de COVID-19. Pero el cuadro de su mamá, que sufría de diabetes e hipertensión, se agravó. Sus compañeros denunciaron negligencia, porque pasó varias horas del posoperatorio en una camilla de la guardia, antes de ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de General Roca.

Mariela murió el 23 de septiembre de 2020 sin conocer a su hijo. Su marido, que estaba contagiado, tuvo que esperar para encontrarse con Lucio y ni siquiera pudo despedirse de ella en el cementerio. Lo hizo con un posteo en Facebook: “Me dejaste ese bebé hermoso, cuidanos desde el cielo. Te amo con todo mi corazón, hasta siempre mi amor”.

Adriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferenciaAdriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferencia

Gustavo y Adriana: ni la muerte los separó

“Nacieron para estar juntos y se fueron juntos. No podía suceder de otra manera”. El que se lo dijo a Infobae fue Matías, el hijo mayor de Gustavo Salemme (67) Adriana Cheble (62), el matrimonio de médicos cordobeses que murió de coronavirus con una semana de diferencia. Estaban casados hacía cuarenta años. Él era especialista en Diagnóstico por Imágenes y ella, médica clínica.

Se conocieron cuando eran adolescentes y estudiaron la carrera de Medicina juntos. Hasta trabajaron en el mismo colegio de Córdoba para “bancarse” mientras cursaban: él como secretario y ella como preceptora. Cuando se recibieron, se entregaron por completo a la profesión. Entre otras cosas, fueron a trabajar al Norte para atender el brote de cólera. “Tenían mucha vocación y amor por el prójimo”, contó su hijo, de 37 años, que fue el que los asistió cuando se contagiaron, primero Adriana y, después, Gustavo. La hermana de Matías estaba embarazada y su hermano menor, que vivía con ellos, también se tuvo que aislar. Al día siguiente de que se internaran, pudo verlos por la ventana en el hospital. Después ya no pudo hacerlo nunca más. Su papá entró en terapia intensiva y lo siguió su mamá.

Gustavo murió el 9 de octubre de 2020. Adriana, siete días después, el 16. Se fueron sin cumplir la ilusión de conocer a su primer nieto, el último legado de toda una vida de amor. Un amor que fue más fuerte que la más cruenta de las pandemias mundiales: ni el coronavirus los separó.

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Volvieron a subir las muertes por coronavirus: hubo 383 y se detectaron 24.999 nuevos contagios en Argentina

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Por segundo día consecutivo, se registró el número de casos fatales más alto desde noviembre. La ocupación de terapia intensiva llegó al 72,5% en el AMBA.

En la cuenta regresiva para que entren en vigencia las nuevas restricciones impuestas por el Gobierno de Alberto Fernández, este jueves el Ministerio de Salud confirmó 24.999 nuevos casos por coronavirus en la Argentina. A la vez, se informaron otras 383 muertes, la cifra más alta para un día desde principios de noviembre.

En las últimas 24 horas, las provincias cargaron al sistema nacional 70.299 testeos, con una altísima tasa de positividad: 35,5%. Es más del triple del 10% que la OMS estableció como medida de una estrategia adecuada de rastreo.

Otro dato preocupante es que la ocupación de camas de terapia intensivas sigue en alza en el AMBA y se ubica en 72,5%. A nivel nacional está en 63.6%. Actualmente hay 3.900 pacientes internados en unidades UTI, de un total de 269.999 que se encuentran cursando la enfermedad con diagnóstico.

La cantidad de muertes reportadas este jueves fue por segundo día consecutivo la más alta en cinco meses (el miércoles fueron 368). El pico anterior se registró el 4 de noviembre, con 469 fallecidos. En enero, el lunes 18, se habían reportado 425, pero se debió a que ese día hubo una carga de datos atrasados por parte de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.

Con 2.629.156 contagios confirmados y 58.925 muertes en poco más de 13 meses, Argentina está entre los 15 países más afectados por ambas variables desde el inicio de la crisis sanitaria global.

Filas de autos para realizar el testeo de coronavirus en La Rural. Foto: Juano Tesone

Filas de autos para realizar el testeo de coronavirus en La Rural. Foto: Juano Tesone

Desde el martes 6, cuando se superaron por primera vez los 20 mil casos en un día, los contagios se mantienen en alza y ya promedian los 22 mil diarios. En todo 2020, no se había superado los 18.500 en ninguna jornada.

Los datos del día

Las restricciones

El impacto de la segunda ola preocupa a las autoridades sanitarias y generó cruces entre el Gobierno y la oposición sobre las medidas a tomar para contenerla.

El miércoles por la noche el presidente Alberto Fernández anunció nuevas restricciones para las actividades nocturnas en el AMBA, con un tope horario a las 20 para la circulación. Pero los mayores cruces se dieron por la suspensión de las clases presenciales, por dos semanas, a partir del lunes 19.

Esto generó protestas con cacerolazos y un fuerte rechazo de la oposición, encabezada por el jefe de Gobierno porteño, Horario Rodríguez Larreta, que anunció que presentarán un amparo ante la Corte Suprema y le solicitó al Presidente una reunión para discutir la medida. La misma se concretará este viernes, a las 10, en la Quinta de Olivos.

Coronavirus en la Argentina

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Fuente: Ministerio de Salud | Johns HopkinsInfografía: Clarín

La misma ministra de Salud, Carla Vizzotti, admitió por la mañana que el aula “no es la principal fuente de infección” y dijo que “lo que se genera alrededor de las clases fue lo que se ponderó para tomar esta medida intensificada, focalizada y transitoria, sobre la circulación de personas”.

El plan de vacunación es otro eje de polémica. Rodríguez Larreta aseguró en su discurso que las medidas que tomó el Gobierno están relacionadas con las fallas en la campaña de inmunización y anunció que este viernes la Ciudad se quedará sin dosis. Algo similar ya habían dado a conocer otras provincias, como Córdoba y Mendoza.

Muertes por coronavirus
en la Argentina

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Fuente: Ministerio de Salud | Johns HopkinsInfografía: Clarín

Vizzotti remarcó que este domingo llegarán más vacunas al país. Se trata del segundo embarque que recibe la Argentina por el mecanismo Covax. Serán 864 mil dosis de AstraZeneca, que arribarán en un vuelo de KLM desde Amsterdam. Según trascendió, también se espera la confirmación de Rusia para que un avión de Aerolíneas Argentinas retire otro lote de Sputnik V.

Se trata del segundo envío que recibe el país a través del mecanismo Covax, el fondo del que participan varios organismos de Naciones Unidas. El primero llegó a fines de marzo, con 218 mil dosis de la vacuna que es un desarrollo conjunto de la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca.

En marzo, COVAX anunció que prevé entregarle a la Argentina un total de 1,9 millones de vacunas hasta mayo, por lo que quedan pendientes 818 mil. Según datos del Ministerio de Salud, la Argentina contrató un total de 9 millones de dosis. El organismo no dio precisiones de cuándo llegarán las otras 7,1 millones.

Según datos del Monitor Público de Vacunación, se aplicaron hasta aquí 5.935.146 vacunas a nivel nacional. La mayoría (5.163.344) a personas que recibieron solo una dosis, siguiendo la directiva del Ministerio de Salud de diferir la segunda para iniciar la inmunización de una mayor población.

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Pfizer admitió que podría ser necesaria una tercera dosis de su vacuna

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Lo dijo el director general del laboratorio, Albert Bourla. Además contó que habrá que volver a aplicársela cada año.

Las personas que recibieron la vacuna de Pfizer contra el coronavirus “probablemente” necesitarán una tercera dosis en un plazo de seis meses a un año, y luego probablemente una inyección cada año, dijo el jefe del gigante farmacéutico estadounidense.

“Una hipótesis probable es que se necesite una tercera dosis, entre los seis y los 12 meses, y a partir de ahí habrá que volver a vacunar cada año, pero todo eso tiene que confirmarse”, dijo el director general de Pfizer, Albert Bourla, en declaraciones hechas públicas el jueves por la CNBC.

“Y por otro lado, las variantes jugarán un papel fundamental”, añadió.

La vacuna de Pfizer no llegó a la Argentina por diferencias entre el Gobierno y los laboratorios. Foto: AFP

La vacuna de Pfizer no llegó a la Argentina por diferencias entre el Gobierno y los laboratorios. Foto: AFP

“Es extremadamente importante reducir al máximo el número de personas vulnerables al virus”, continuó Bourla.

Anteriormente, el director de la célula anti-covid de la administración Biden también aseguró que los estadounidenses deberían esperar recibir una inyección de refuerzo de la vacuna para protegerse de las variantes circulantes del coronavirus.

“En este momento no lo sabemos todo”, reconoció el médico David Kessler en una audiencia ante los legisladores estadounidenses.

“Estamos estudiando la duración de la respuesta de los anticuerpos”, dijo.

La alianza Pfizer/BioNTech ya había anunciado en febrero que estaba estudiando los efectos de una tercera dosis de su vacuna variante en un estudio clínico.

Administrada en dos dosis, esta vacuna, al igual que la de Moderna, utiliza la innovadora tecnología del ARN mensajero, que nunca antes se había utilizado en la vida real.

En este momento, estas dos vacunas son las que mejor funcionan, ya que la vacuna de Pfizer/BioNTech muestra una eficacia del 95% contra el covid-19 y la de Moderna un 94,1%, según los estudios clínicos.

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Fuerte cacerolazo en la Ciudad y frente a la Quinta de Olivos por las nuevas restricciones en el AMBA

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Minutos después del mensaje de Alberto Fernández, hubo protestas en los barrios porteños. Patricia Bullrich se unió al reclamo en la puerta de la residencia presidencial.

Minutos después de que el Presidente Alberto Fernández anunciara nuevas medidas de restricción ante el avance de la pandemia del coronavirus, vecinos de distintos puntos de la Ciudad y en la puerta de la Quinta de Olivos, se manifestaron con sus cacerolas para mostrar sus descontento ante el anuncio.

Palermo, Núñez, Belgrano, Barracas y Flores fueron los primeros barrios porteños en donde más se escuchó el ruido metálico desde las casas y los edificios.

Pero con el correr de los minutos se replicó en puntos de casi toda la Ciudad. Algunos con bocinas, silbatos o simplemente con las palmas de sus manos.

Uno de los focos de la protesta fue la puerta de la Quinta de Olivos, desde donde el mandatario anunció las medidas. Hasta allí llegaron cientos de manifestantes con banderas argentinas para expresar su descontento. También desde ese lugar brindó declaraciones la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien se manifestó en contra de las nuevas medidas, a las que calificó como “totalmente improvisadas”.

“Hoy el ministro de Educación (Nicolás Trotta) dijo que las escuelas eran lo último que iban a cerrar, y el Presidente a la noche hace todo lo contrario”, remarcó la referentes de Juntos por el Cambio.

Y agregó: “Tuvimos un año con cuarentena y las escuelas cerradas. Seguimos esperando las 24 millones de vacunas que el Presidente prometió, mientras que el plan de vacunación fue un fracaso terrible“.

“La gente que estaba tratando de ponerse de pie en su trabajo está de nuevo sin trabajar. Los únicos que ganan son las burocracias del estado, los (Roberto) Baradel. Las restricciones son absolutamente negativas para el país, vamos a defender a los trabajadores”, cerró.

Las redes sociales sirvieron como difusor principal en donde se publicaron videos y fotos con el sonido ambiente de los cacerolazos en los barrios.

El foco del reclamo está en la suspensión de las clases presenciales, que tomó por sorpresa a todos.

También hubo rechazo al cierre de los comercios a partir de las 19 y también a la prohibición para circular desde las 20.

El Director del Hospital Fernández (ubicado en Palermo), Ignacio Previgliano, fue uno de quienes se manifestó contra las decisiones: “Tuve que cerrar las ventanas por el cacerolazo que hay acá. Estamos en estado de sitio, con el ejército en la calle”, comenzó en diálogo con el canal IP.

“Realmente creo que son medidas muy fuertes, que impactan, el nivel de contagios es alto pero el sistema público de los hospitales de la ciudad de Buenos Aires no está en situación de saturación“, afirmó en contra del anuncio oficial que habló de una crisis sanitaria en los centros médicos.

En la intersección de Juncal y Uruguay, en el edificio donde tiene un departamento la vicepresidenta Cristina Kirchner, los vecinos también salieron a rechazar los anuncios.

Quienes salieron también a expresar su furia fueron los gastronómicos, quienes a partir del viernes podrán seguir trabajando solamente con delivery en el horario nocturno.

“El sector gastronómico está conformado en un 90% por Pymes. Es una locura adelantar todavía más la hora de cierre de los locales, es un decreto de muerte. Ya perdimos más de 20.000 puestos de trabajo y más de 2.000 establecimientos”, precisó Dante Camaño, titular de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA).

“Si cerramos a las 19, perdemos el 90% de nuestra facturación. Al mediodía vienen apenas el 10% de nuestros clientes”, dijo Agustín Latorre, dueño de los restaurantes Osaka de Palermo y Puerto Madero.

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