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Sociedad

Tirar piedras es un delito en todos los países… menos en Argentina

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El viernes un fiscal de Neuquén consideró que tirar piedras no es delito en tanto no se verifique un daño.

En España tirar piedras es un delito que se pena con hasta seis años de prisión; en Israel con veinte. En Argentina un fiscal considera que no es delito.

Se trata de un capítulo más del éxito que ha tenido el repiqueteo gramsciano en el país desde hace ya muchas décadas.

Ese esfuerzo consistió en cambiar el sentido común medio de la sociedad de modo que ésta empezara a reaccionar desde lo mas profundo de sus entrañas de un modo diferente a como lo había estado haciendo hasta los momentos anteriores al éxito gramsciano.

La sociedad -los individuos- ni siquiera sabe por qué reacciona como reacciona. Eso es el sentido común: algo que como una segunda naturaleza nos empuja a resolver disyuntivas en un determinado sentido sin saber por qué, sino simplemente porque “las cosas son así”.

Cambiar esa “segunda naturaleza” ha sido el objetivo final del marxismo gramsciano; lograr que “sin saber por qué” la sociedad -y los individuos- empiecen a resolver disyuntivas de un modo diferentes a como lo hacían antes.

No hay dudas de que décadas atrás ningún fiscal hubiera siquiera dudado en calificar como delito el tirar piedras.

No solo por las consecuencias preterintencionales de la acción sino por la propia conducta en sí ¿qué clase de comportamiento gregario y social es salir a la calle a tirar piedras?, ¿qué se supone que estoy haciendo tirando piedras? y, sobre todo, ¿qué se supone que pretendo hacer tirando piedras?

La visualización de la imagen es tan obvia que ni siquiera valdría la pena perder demasiado tiempo en explicarlo. Es más, muchas veces, lo más difícil de hacer es explicar lo obvio, porque, una vez mas -de acuerdo al sentido común- las cosas son así, porque deben ser así: tirar piedras es un delito porque está mal.

Llegar a la convicción contraria, es decir, que tirar piedras no sea delito, implica un retorcimiento de tal magnitud del sentido común que, en rigor de verdad, uno no puede hacer otra cosa más que asombrarse por el avance exitoso que esta corriente ha tenido entre nosotros.

Y de este modo se ha replicado en cientos de rincones de la vida pública y social argentina, hasta convencernos que lo privado es malo y lo estatal bueno; que lo colectivo es bueno y lo individual malo; que los delincuentes son víctimas y no victimarios; que las garantías constitucionales significan que cualquiera puede hacer cualquier cosa; que los ciudadanos son rasos (y que está bien que los sean) y que los funcionarios son privilegiados (y que está bien que lo sean); que la viveza es mejor que la inteligencia y que la prepotencia se impone sobre el Derecho.

Tan dados vuelta están nuestros valores que ya hemos perdido toda brújula respecto de donde está el bien y donde el mal. Eso que antes distinguíamos sin esfuerzo porque fue lo que nuestros mayores nos enseñaron tanto en casa como en el colegio, hoy está completamente trastocado a tal punto que los que aun conservamos el viejo sentido común sentimos vergüenza por expresarlo y vergüenza por resolver disyuntivas de acuerdo a su criterio.

El dictamen del fiscal de Neuquén se inscribe en esta pirámide invertida en que se ha convertido la personalidad nacional, de a poco, en los últimos 70 años.

Como la fábula de la rana hervida nos han incendiado nuestros valores sin que nos diéramos cuenta y de pronto todos nos hallamos con un nuevo molde mental en donde el populismo, el autoritarismo y el socialismo encuentran cimientos profundos en donde hacerse fuertes.

En el caso argentino, no hay dudas de que el repiqueteo peronista -infiltrado por el entrismo trotskista- fue la punta de lanza de este proceso gramsciano. Copó la Academia, la Justicia, la escuela, las artes, la cultura, la prensa… No dejó ninguna usina cultural, por pequeña que fuese, fuera del gas hipnotizante del “nuevo orden”, tal como justamente lo definiera su genial estratega arquitecto, Antonio Gramsci.

Hoy el populismo en materia judicial, económica, social, educativa nos ha invadido hasta el tuétano y se ha formado una atmósfera generalizada que nos lleva inconscientemente a tomar decisiones individuales y colectivas en función del miedo que supone enfrentar la nueva VERDAD instalada.

Lo único positivo de esto es saber que el cambio del sentido común medio social es posible. Lleva mucho trabajo, pero es posible. De modo tal que si ellos pudieron hacerlo, nosotros también podemos hacerlo.

Lo negativo es verificar que el odio suele ser el motor más poderoso de una empresa y nosotros, los que aun respondemos al sentido común viejo, no odiamos. El odio fue el gran aliado del socialismo, del populismo y del autoritarismo. La libertad y la bondad no pueden tener como aliado al odio y eso -paradójicamente- les hace perder una enorme potencia al motor del bien.

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Coronavirus

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos”: la emotiva carta de despedida de un investigador del Conicet antes de morir por coronavirus

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Hugo Míguez, doctor en psicología especializado en adicciones, escribió un mensaje con su celular antes de que lo intubaran. Falleció ocho días después.

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

El pedido fue escrito el 12 de abril por Hugo Míguez, un investigador del Conicet jubilado que murió ocho días después por coronavirus. Tenía 75 años.

El mensaje fue parte de una carta de despedida que Míguez escribió en su celular, al ver que su salud se deterioraba. Poco después quedó internado en la terapia intensiva del Hospital Italiano, donde falleció.

En su mensaje agradeció la atención recibida en el hospital. “Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación. Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió”, remarcó.

A modo de adiós, escribió: “Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!”.

Luego, agregó: “Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida. Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía. Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias”.

Graduado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, Míguez se especializó en el estudio de las adicciones.

Durante su larga trayectoria académica, trabajó como investigador del Conicet y consultor de diferentes organismos vinculados al tema del abuso del alcohol y las sustancias psicoactivasal. Tras su retiro, decidió seguir formándose y estudió Teoría e Historia del arte en la UBA.

La carta completa

Lunes 12 de abril. Hospital Italiano. Cama 1216… zona de trinchera.

“30 segundos” Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia. Algo. Lo que pueda.

Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.

Una cultura.

Un pathos.

Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.

Una cultura.

¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?

Mucho.

Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.

No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.

No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.

Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.

Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.

Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.

Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.

Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.

Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.

Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.

Una cultura.

Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.

No rasguñar las piedras para mí.

Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.

Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.

No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.

Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.

La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.

Y de pronto… las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.

Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.

Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!

Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.

Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.

Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.

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Coronavirus

Furor de voluntarios de la colectividad judía en Argentina para ser parte del ensayo de la vacuna israelí contra el Covid

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Así se lo transmitieron desde la DAIA y otras instituciones a los expertos israelíes que llegaron el sábado. Clarín supo que miles de interesados se comunicaron con las instituciones para participar.

Tal vez fruto de la ansiedad que impera en la Argentina por la falta de vacunas población contra la Covid-19, la llegada de una delegación de expertos del Instituto de Biológico de Israel y del Hospital de Hadassah de Jerusalén, desató un furor equivalente a los objetivos de la misión: convocar a voluntarios locales que quieran participar de los ensayos de la fase 3 de la vacuna contra el coronavirus que Israel está desarrollando. Si estos experimentos finales son exitosos, se podría acordar la producción en la Argentina.

El domingo, la delegación que está de visita fue agasajada con un almuerzo en un hotel porteño por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), donde algo quedó claro.

Desde las instituciones comunitarias le transmitieron a los expertos, que hay un aluvión de interesados en la colectividad por prestarse al ensayo de la Brilife -tal el nombre del fármaco en desarrollo- en Argentina. También la embajada israelí no para de recibir llamados de interesados, supo este diario.

“Soy cobayo”, llegaron a bromear en la comida, que se hizo en el Alvear Icon, de Puerto Madero, y en la que estuvieron desde el presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, su vice David Stalzman, a otros dirigentes comunitarios de la Argentina; la embajadora israelí, Galit Ronen, y el embajador en Israel, Sergio Urribarri, quien fue el que promovió este proyecto en sus visitas al Hadassah.

Almuerzo en un hotel porteño. Las autoridades de la DAIA agasajaron a los expertos israelíes que visitan el país.

Almuerzo en un hotel porteño. Las autoridades de la DAIA agasajaron a los expertos israelíes que visitan el país.

Supo Clarín que en las charlas de ida y vuelta, se le hizo saber a los expertos, unos siete en total, y con el director general del Hadassah, Yoram Weiss, a la cabeza, que hay instituciones comunitarias -mutuales, sociales, y deportivas- donde hay miles de afiliados, que ya han planteado su interés en participar.  A su vez, desde Universidad del interior del país también le hicieron llegar el mismo interes de participar.

El director internacional de Hadassah, Jorge Diener había dicho en una entrevista con Clarín que se necesitan entre 30.000 y 40.000 voluntarios para el ensayo en fase 3 de la Brilife.

Eso se planteó en el encuentro que mantuvieron el lunes los expertos en la Rosada con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; con la ministra de Salud, Carla Vizzotti y con la asesora Cecilia Nicolini.

Los israelíes igual aclararon que trabajan con instituciones de Brasil y México para que formen parte del desarrollo de la vacuna. Es decir, no todos los voluntarios serán de Argentina. 

Al mismo tiempo, Knoblovits quiso aclarar algo. Dijo a este diario que el aluvión de voluntarios registrados en las instituciones era una señal del profundo interés que había, pero que los ensayos de la vacuna israelí en la Argentina eran para todos los argentinos y no para una colectividad.

Y aclaró que lo mismo ocurrirá si hay desarrollo y producción de una vacuna israelí -que diseñó el Instituto Biológico de Israel, que está dentro de la órbita del ministerio de Defensa de ese país -. “Será para la Argentina y los argentinos”, dijo.

Las aclaraciones dentro de la colectividad tienen que ver con un tema muy sensible y que movilizó a la dirigencia judía  principios de año, cuando, en medio de la desesperación internacional por el acceso al fármaco que combate la mortal enfermedad, la ministra de Asuntos de la Diáspora en Israel, Omer Yankelevitch, anunció que su país iba a proporcionar vacunas contra el coronavirus a los sobrevivientes del Holocausto, tanto en Israel como los que se encontraran en otras partes del mundo.

Yankelevitch generó un entusiasmo que chocó contra la realidad, en un país que efectivamente fue líder internacional en la vacunación de su población pero que por el momento ni vende ni dona vacunas al mundo. Israel lleva totalmente vacunada al 56% de su población con la vacuna estadounidense Pfizer, que fue comprada por el Estado.

En su momento también corrió el rumor que Israel iba a vacunar a miembros de la colectividad,  desde las instituciones debieron calmar la ansiedad.

Este martes, el grupo de israelíes se encontraba reunido con miembros de la Camara de Comercio Argentino Israelí, cuyo titular, Mario Montoto, organizó un encuentro con empresarios e instituciones, ya que la fase 3 requiere de la participación de hospitales y centros de Salud, pero también del sector privado.

Fuentes ligadas a las negociaciones afirmaron que uno de los más firmes candidatos a centralizar los ensayos y a un eventual acuerdo de producción en la Argentina es el empresario Hugo Sigman, que tomó también el acuerdo de producción de Argentina con la china Sinopharm y tiene el acuerdo con AstraZeneca, a la que le mandó los componentes del principio activo a Mexico, y que recién a fines de mayo devolvería las primeras dosis terminadas.

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Sociedad

Junto a su hija mató al marido de 185 puñaladas: “Esperamos ser absueltas”

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Paola Córdoba (38) y Milagros (18) declararon que sufrían violencia de género. Pero para la fiscal, Alberto Naiaretti no era agresivo. Pidió que ambas mujeres sean condenadas a perpetua.

“La calificación adecuada al caso, que encuadra jurídicamente a la conducta desplegada por Paola Elvira Córdoba Paula Milagros Naiaretti, debe calificarse como Homicidio agravado por el vínculo y por ensañamiento, del que deberán responder a título de coautoras materiales”, dice el escrito en el que la fiscal Silvia Mónica Sisney Bazzano Gonzalez pide la elevación a juicio de la causa por el asesinato de Alberto Elvio Naiaretti.

“Encuentro debidamente justificado que durante la madrugada del 09 de marzo del año 2019, aproximadamente a las 2 horas, en el interior de la vivienda ubicada en (…) de la Localidad y Partido de José C. Paz, provincia de Buenos Aires, Paola Elvira Córdoba y su hija Paula Milagros Naiaretti, acordaron darle muerte a Alberto Elvio Naiaretti, esposo y padre de las imputadas respectivamente –sigue la fiscal–. Entre ambas con sendos cuchillos, de mango de madera, tipo tramontina, le aplicaron a la víctima un total de 185 puñaladas, causándole heridas punzo cortantes, en diferentes partes del cuerpo”.

Yo maté a mi marido porque sabía que él me iba a matar. Discutimos porque él me llevaba a la Ruta 8 a prostituirme y yo no quería más. Me pegaba, me amenazaba. Yo sabía que si yo no hacía algo me mataba a mí y a los chicos. Ese día me amenazó con que iba a terminar con todo. Cuando él se quedó dormido bajé a la cocina y agarré las cuchillas“, declaró entonces Paola Córdoba. Ella llamó al 911.

“Mi papá le estaba queriendo sacar el cuchillo a mi mamá, como que la quería apuñalar. Parecía que él la iba venciendo en fuerza y yo tenía miedo porque no quería que la lastime a mi mamá. Tampoco quería que me lastime a mí”, declaró Milagros.

Violencia de género

Fueron detenidas de inmediato. La investigación recayó en la fiscal González Bazzani, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 23 de Malvinas Argentinas. Paola, de 38 años, y Milagros, de 18, dijeron que ellas lo habían matado porque esa tarde Naiaretti (46) había asegurado que a la noche iba a matar a toda la familia. Además de Milagros, Paola tenía otras dos hijas de 13 y 10 años y un hijo de 6.

Semanas después de la detención, los defensores oficiales Andrés López y Javier Chirinos pidieron que sean excarceladas por la “situación de violencia de género histórica”. El juez Alberto Brizuela –del Juzgado de Garantías N°4 de San Martín– aceptó. La fiscal González Bazzani apeló.

Los jueces de la Cámara de Apelaciones de San Martín concedieron por unanimidad la excarcelación extraordinaria: “Ha quedado evidenciado que no solo la imputada Córdoba se encontraba sometida a una sistemática violencia de toda índole por parte de su esposo sino que todo el grupo familiar padecía la irascibilidad de la víctima”.

Paola y Milagros fueron a vivir a la casa de una de las hermanas de Paola. Los tres hijos más pequeños quedaron con otra tía. “Es horrible ser yo -dijo en ese momento Paola en una entrevista con Clarín-. Lo único que quiero es vivir con mis cuatro hijos y que estemos tranquilos. El nunca nos dejó estar tranquilos“.

Ignorada

Paola conoció a Alberto cuando tenía 15 años y él 22. Ella sólo terminó la primaria. Se juntaron y tuvieron cuatro hijos. Vivían en un primer piso de una construcción en la que abajo tenían un lavadero de autos y un kiosco. Entre 2003 y 2018 Paola lo denunció siete veces por violencia en distintas fiscalías y comisarías de José C. Paz. Ante cada denuncia Alberto se enojaba más.

Los golpes empezaron en la cara, el estómago, las piernas. Alberto usaba la hidrolavadora para mojarla. La hacía desnudar en invierno en el lavadero. También le daba cinturonazos, patadas. Y la explotación sexual. El la llevaba cada mañana a la ruta 8. A veces sumaba la tarde. La plata se la quedaba él. No la dejaba manejar dinero, tampoco tener celular.

Paola Córdoba mató a su marido en defensa propia. Foto Lucía Merle

Paola Córdoba mató a su marido en defensa propia. Foto Lucía Merle

A los hijos también los maltrataba. Golpes, humillaciones, torturas. A Milagros la ahorcó con un cable. También la congeló a baldazos. Al más chiquito lo encerraba en la oscuridad. A una de las nenas le pegaba tanto que se hacía pis encima.

Paola a veces no aguantaba y se iba, pero volvía por los chicos. “El me decía que tenía que agradecerle que no me haya violado en los momentos en los que mi mamá nos faltaba”, dijo Milagros en su declaración ante la fiscal. También que intentó suicidarse.

Elevación a juicio

“Este Ministerio Publico Fiscal no encuentra ninguna causa de justificación que permita deslindar a las imputadas de la responsabilidad penal que les corresponde”, escribió la fiscal en la elevación a juicio. Busca que a Paola y Milagros las castiguen con prisión perpetua.

“Alberto Naiaretti sufrió 185 puñaladas y no se defendió, lo que a las claras habla de que para nada era una persona con agresividad que pusiera en peligro la vida de su esposa e hijos –argumenta la fiscal–. La conducta que tuvieron esa noche ambas imputadas no se condice con ningún estímulo violento de gravedad suficiente y sostenido en el tiempo efectuado por el damnificado, que la justifique”.

Paola Córdoba denunció siete veces a su marido por violencia de género. Foto Lucía Merle

Paola Córdoba denunció siete veces a su marido por violencia de género. Foto Lucía Merle

¿Qué pasó?

Los defensores oficiales se opusieron al requerimiento de elevación a juicio y pidieron la absolución: “En el procedimiento penal se pueden tener dos vectores. El primero busca dar una repuesta a ¿quién fue? y el otro muy distinto es responder a la pregunta de ¿qué pasó? En el caso de nuestras asistidas, la fiscal no necesita escribir cien hojas para buscar quién fue, esa respuesta se la da esta defensa; la señora Paola Córdoba y Paula Milagros Naiaretti. Esa es la respuesta más básica e inquisitiva. Ahora, si se pretende una respuesta justa, la pregunta debe ser ¿qué pasó?; y lo que pasó es que Paola Córdoba y Milagros Naiaretti se defendieron; y si no hubieran hecho lo que hicieron, estarían muertas al igual que las otras hijas y el hijo de Paola Córdoba”.

Paola Córdoba y su hija Milagros eran golpeadas y torturadas por Naiaretti. Foto Lucía Merle

Paola Córdoba y su hija Milagros eran golpeadas y torturadas por Naiaretti. Foto Lucía Merle

Ahora Paola vive con sus cuatro hijos en la casa donde murió Naiaretti. “Es difícil el día a día. A ser mamá aprendo todos los días, mis hijos me enseñan, son chicos muy cariñosos, todos los días me dicen ‘Te amo mamá'”, cuenta a Clarín. No puede hablar sin llorar.

“Son chicos que tuvieron una vida difícil, tuvieron que crecer de golpe. No tienen psicólogos, sus psicólogas tenemos que ser su hermana mayor y yo, más ella, que trata de escucharlos y hacer el papel que tendrían que hacer otras personas. Nunca nadie se acercó para ver en qué condiciones viven“. Subsisten con la AUH (Asignación Universal por Hijo). Tienen un solo celular que se reparten para hacer las tareas y seguir las clases.

Esperamos ser absueltas, en primer lugar mi hija, para que pueda tener una vida entre comillas normal, que pueda estudiar lo que ella siempre quiso, ahora no puede, está atascada”, ruega Paola. “Es difícil, los recuerdos, seguir adelante, todo cuesta, hay días que son peores. No estoy estudiando, iba a arrancar este año, pero no pude, voy a seguir insistiendo para poder estudiar“, dice Milagros. Quiere ser psicóloga.

Un número más

“Es muy triste ver el noticiero todos los días y ver que hay un femicidio nuevo –sigue Milagros–. Si esa noche no pasaba lo que pasó creo que nosotras también íbamos a ser un número más de esas mujeres que salen en la tele. Espero que la justicia sepa escuchar, y que también puedan escuchar a otras mujeres que están pasando por la misma situación”.

“Lo que es levantarse con esta mochila, ir a acostarse con esta mochila, nadie se da una idea de cuánto pesa. Ni jueces ni abogados ni fiscales que nos tendrían que defender y a mí nunca me defendieron, nunca me sentí defendida ni mis hijos. Si ellos no hubieran mirado para otro lado no estaríamos en la situación que estamos hoy“,

“Matan todos los días mujeres y hay miles de chicos que se quedan sin su mamá. Yo hoy estoy acá, pero por favor que no nos archiven –llora Paola–. Nosotras vamos a denunciar, esperamos miles de horas para que nos atiendan y nos dicen que nos vayamos, no saben la pesadilla que es ir a denunciar y no poder, y tener que volver a tu casa”.

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