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Precios, dólar y empleo: cómo llega la economía a las elecciones

El Gobierno trata que los salarios suban más que la inflación. Alienta el consumo y el gasto social para mejorar la sensación del bolsillo. Qué dicen los economistas.

La estabilidad cambiaria es una de las apuestas cruciales del Gobierno con miras a las elecciones de noviembre. Resulta lógico, si se tiene en cuenta el impacto del dólar en los precios y en el nivel de actividad. Un estudio de Eco Go indica que “se llega a noviembre con un dólar (oficial) en $102,5, una brecha cambiaria entre 80% y 90%, la economía creciendo en promedio 6,9% y una inflación en torno al 50% interanual”.

Los economistas barajan proyecciones parecidas, pero hacen hincapié en los indicadores que marcarán el pulso de la contienda electoral: tipo de cambio, consumo, salarios, empleo, inflación y nivel de actividad. Lo que algunos definen como “la sensación del bolsillo” para interpretar el humor social. “La receta del Gobierno es inyectar dinero para recuperar el consumo, pero a diferencia de otras épocas, ahora está finito”, explica Guillermo Oliveto, de la consultora W.

Para analizar estas variables, el Económico dialogó con Ricardo Delgado (Analytica), Belén Rubio (Abeceb), Fernando Marengo (Arriazu Macroanalistas), Lorenzo Sigaut Gravina (Equilibra), Marina dal Poggetto (Eco Go) y Guido Lorenzo (LCG). Lo que sigue es una síntesis de la charla y las principales conclusiones.

Dólar (es)

Delgado: Un mes y medio atrás, las anclas inflacionarias para el Gobierno eran el dólar, las tarifas y los salarios. Los salarios ya no. Si la inflación desacelera es en base a cierta estabilidad cambiaria. Aunque no veo problema con la competitividad del tipo de cambio. La clave de la película es mantener el techo de la brecha por debajo del 70% entre el oficial y los dólares financieros.

Lorenzo: La estrategia para quitar la inercia a la inflación es retrasar las variaciones diarias del tipo de cambio. Así, podemos proyectar el oficial en torno a los $105 y por debajo de $110 en diciembre, lo que implica que puede ampliarse la brecha. Igual, creo que puede ser controlada si se utilizan bien las herramientas.

Sigaut Gravina: El problema no es llegar a las elecciones, sino el día después. Tras el ingreso de las exportaciones, el plan oficial es gastar parte de las reservas para que no se escape la brecha. El dólar no es muy competitivo pero tampoco está atrasado. El gran interrogante es si la devaluación posterior es gradual o algo brusca.

Salarios y empleo

Rubio: En el primer semestre, la masa salarial se mantuvo en los mismos niveles que en 2020, esto es un 12% por debajo de 2019. Si bien hubo un incipiente proceso de recuperación de la ocupación total, todavía no alcanzó los niveles prepandemia y la alta inflación produjo un deterioro del salario real, especialmente en los sectores informales y cuentapropistas. A pesar de aumentar un 4% promedio arriba de la segunda mitad de 2020, la masa salarial se mantiene en niveles mínimos desde 2011.

"En los últimos 3 años, los salarios en dólares cayeron 50%", dice Ricardo Delgado, de Analytica.

“En los últimos 3 años, los salarios en dólares cayeron 50%”, dice Ricardo Delgado, de Analytica.

Marengo: El empleo formal quedó congelado el año pasado por las restricciones. Pero hay que distinguir entre los trabajos sindicalizados y los informales. Este último depende más de la recuperación económica. Toda puja salarial es nominal y depende más de la recuperación económica. El Gobierno, además, intenta aplicar una política fiscal más expansiva (subsidios, bonos extraordinarios y gasto social) con el objetivo de recuperar el poder compra y el consumo.

Lorenzo: Los salarios podrían ganarle a la inflación durante los 3 meses previos a los comicios, en torno a 1% real promedio mensual. Desde los niveles actuales, es insignificante, pero al menos dejan de perder. Va a ser más para el discurso que la sensación de una recuperación. En el promedio anual, proyectamos una caída de 4%.

Delgado: En los últimos 3 años, los salarios en dólares cayeron 50%. Hasta abril, registraban una caída interanual de entre 6 y 9% en términos reales. Ahora, hay una decisión política de aliviar el apretón, alentando acuerdos paritarios de entre 40% y 45%, con la intención de recomponer el salario real, con la idea de que lleguen algo más aliviados a las elecciones.

Sigaut Gravina: El objetivo del Gobierno es poner plata en los bolsillos y que los ingresos suban por arriba de la inflación. Los salarios vienen de tres años consecutivos de caída y además el nivel de empleo. Cuando no hay trabajo, no hay ingresos ni consumo. El año arrancó con pautas de una inflación del 29% y los salarios con una suba del 35%. Cuando no se pudo moderar la suba de precios, se rompió el esquema. Posiblemente el salario real termine empatado o ganándole por muy poco a la inflación.

Consumo

"Toda mejora salarial va al consumo", dijo Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra.

“Toda mejora salarial va al consumo”, dijo Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra.

Sigaut Gravina: Toda suba en el empleo y el salario va al consumo. Es probable que algo se recupere. Además, hay más oferta de créditos blandos (cuotas sin interés), y eso es algo que la gente puede aprovechar para adelantar gastos. No obstante, hoy, los indicadores de confianza en el Gobierno y del consumidor están en los mínimos y es algo que se debe revertir y rápido para mejorar las chances de cara a las elecciones.

Rubio: El consumo se mueve al ritmo de dos tendencias: la polarización de ingresos y la falta de normalización de la oferta de productos, en algunos casos escasa e intermitente por la pandemia. Las compras de durables se normalizaron en el primer semestre del año e incluso representaron una oportunidad para aquellos que realizaron compras como resguardo de valor de los ahorros, ante la falta de oportunidades para cubrirse frente a la incertidumbre cambiaria. El segundo semestre inicia con claros signos de estancamiento en las compras de durables e insumos de la construcción.

Dal Poggetto: La rueda entre la inflación, salarios, dólar y tarifas es muy dispar. Una porción de los asalariados lograron cerrar paritarias por arriba de la inflación. Pero no todos. Una parte de los pesos de la economía se destinan al consumo, especialmente de aquellos sectores que no tienen otras opciones de ahorro.

Marengo: En el consumo hay que ver dos cosas, el nivel de inversión y el nivel de actividad económica. En este sentido, puede que haya algunos meses de mejoría, pero no un boom. Otro factor importante es el excedente de pesos y la dolarización de portafolios. Por ejemplo, empresas que se vuelquen a comprar maquinarias, que es una forma de comprar dólares al tipo de cambio oficial. O personas que compren bienes durables (televisores o cubiertas).

Delgado: La sensación del bolsillo es clave para las elecciones. En tal sentido, el consumo está en línea con el salario real y el PBI. Con una leve recuperación, tras la violenta caída del año pasado. En términos netos, el consumo estará empatando o perdiendo contra la inflación.

PBI y acuerdo con el FMI

Para Fernando Marengo, la clave después de las elecciones es el acuerdo con el FMI.

Para Fernando Marengo, la clave después de las elecciones es el acuerdo con el FMI.

Dal Poggetto: Un default con el Fondo no es opción. No el Club de París exige un acuerdo con el FMI como garantía para reestructurar sus vencimientos sino también China lo exige para sostener los desembolsos para financiar las inversiones que está llevando a cabo en el país.

Delgado: Una variable económica muy importante es la vacuna. Con la población vacunada frente a las nuevas cepas, como la Delta, baja la incertidumbre sobre potenciales cierres. Y facilita que se produzcan más aperturas comerciales y que la actividad se mueva un poco más.

Marengo: La clave poselectoral es si hay acuerdo con el Fondo para evitar una crisis profunda.

Estimular el consumo, una herramienta sin garantía de éxito

"El segundo semestre arranca con claros signos de estancamiento en el consumo", dice Belén Rubio, economista de Abeceb.

“El segundo semestre arranca con claros signos de estancamiento en el consumo”, dice Belén Rubio, economista de Abeceb.

Para los analistas, consumo y votos van de la mano y tiene un claro impacto en el humor social. “La receta del Gobierno es conocida: trata de inyectar dinero para recuperar el consumo, pero ahora ese recurso es finito”, señala Guillermo Oliveto, director de la consultora especializada W. “Lo que está claro -agregó- es que la intención es recuperar la economía”, con miras a las elecciones legislativas del mes de noviembre.

“Finito”, para Oliveto, significa que el intento de poner plata en el bolsillo de la gente “no tiene el certificado de garantía de otras épocas”. La explicación está a la vista. Las consecuencias de la pandemia, aunque no rija una cuarentena estricta, impactan en la voluntad de la gente a la hora de gastar. “La gente no va a los comercios por miedo y tiene razón por la dimensión de la tragedia”, dice. A diferencia de 2020, existe hoy un grado mayor de apertura, pero igual la gente se inclina por evitar lugares públicos, como restoranes, cafeterías y hasta autoservicios.

Hay otro costado para analizar y tiene que ver con la pérdida del poder de compra de los salarios. “En el último año, los ingresos de los hogares cayeron 11% en pesos y 43% en dólares blue. Cuando la gente mira lo que cuesta un celular o un kilo de milanesas, se pregunta ¿qué pasó?”, analizó el especialista.

Oliveto dice que lo que hoy prevalece es la lógica de la pandemia. Y considera que esto continuará hasta que avancen los planes de vacunación y disminuyan el temor y la incertidumbre. “Es probable que entre setiembre y octubre, hay rubros como bares, restoranes y turismo a los que les vaya mucho mejor que el año pasado”. Porque en materia de consumo, el deseo y el temor se contraponen. “El ser humano desea lo que escasea. Y cuando lo encuentra, el consumo vuelve con furia”, comenta.

Desde otro ángulo, Javier González, analista de la consultora Nielsen, remarca fuertes cambios en el negocio del consumo masivo. “Hoy las ventas varían mucho según el canal. Los supermercados se mantienen estables contra el año pasado, los autoservicios están muy golpeados y hay un fuerte repunte en almacenes y quioscos”, enumeró el experto.

Son números comparativos contra 2020, distorsionados precisamente por la larga cuarentena y las restricciones para circular y operar. “Entre abril y junio del año pasado, el 25% de los almacenes estuvieron cerrados”, aclara González. Lo mismo ocurrió con los quioscos, muchos de los cuales no pudieron vender normalmente por la falta de público en las calles.

En cuanto a categorías de productos, Nielsen registra un fuerte repunte en bebidas y cigarrillos.

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