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Messi y Guardiola donaron un millón de euros para combatir la pandemia

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El astro rosarino Lionel Messi donó un millón de euros para un hospital de Barcelona y otro de Argentina, en el marco de la emergencia sanitaria por la pandemia de coronavirus, según informaron hoy distintos medios de prensa españoles.

La noticia surgió a partir de una nota de agradecimiento del Hospital Clinic, de Barcelona. “Leo Messi hace una donación para la lucha contra la #Covid19 en el #CLÍNIC. Muchas gracias Leo, por tu compromiso y tu apoyo”, comunicó el sanatorio.

Según medios españoles como Mundo Deportivo y Sport y también la agencia alemana dpa, Messi repartió un millón de euros entre el Clinic catalán y uno o más hospitales de Argentina cuyos nombres no trascendieron.

“Lio” siempre estuvo involucrado en proyectos médicos solidarios y fue decisivo en el Pediatric Center del hospital barcelonés de Sant Joan de Déu, especializado en pacientes oncológicos.

Relacionado con el COVID-19, Messi participó en el proyecto de FIFA para generar conciencia en la población respecto de los cuidados y la higiene para evitar el contagio.

“Son días complicados para todo el mundo. Vivimos preocupados por lo que está ocurriendo y queremos ayudar poniéndonos en el lugar de aquellos que peor lo están pasando, o bien porque les afectó directamente a ellos o sus familiares y amigos, o porque están trabajando en primera línea para combatirlo en hospitales y centros de salud. Quiero enviarles mucha fuerza a todos ellos”, escribió días atrás Messi en su perfil oficial de Instagram.

“La salud debe ser siempre lo primero. Es un momento excepcional y hay que seguir las indicaciones tanto de las organizaciones sanitarias como de las autoridades públicas. Sólo así podremos combatirlo de forma efectiva. Es el momento de ser responsable y quedarse en casa, además es perfecto para disfrutar ese tiempo con los tuyos que no siempre se puede tener”, concluyó.

Pep Guardiola también

Por su parte, el ex DT del Barcelona y actual entrenador de Manchester City de Inglaterra, el catalán Pep Guardiola, donó también un millón de euros a la Fundación Ángel Soler Daniel para la compra y el aprovisionamiento de material sanitario ante la emergencia de la pandemia de Covid-19 en España.

La campaña de donaciones, impulsada por el Colegio de Médicos de Barcelona (COMB) y gestionada a través de la fundación, tenía 33.000 euros recaudados hasta ahora, informó el colegio en un comunicado que fue reproducido por la agencia alemana DPA.

Además de recaudar para la compra de material, la campaña también es “para poder financiar la producción alternativa -a través de la impresión 3D- de respiradores artificiales y otros elementos de protección para el personal sanitario”.

Guardiola fue símbolo de Barcelona FC en su etapa de jugador y su figura llegó a niveles de idolatría como técnico del club en el que brilla el astro rosarino Lionel Messi, con el que ganó tres ligas nacionales, dos Copas del Rey y dos Ligas de Campeones.

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Boris Johnson anunció restricciones por seis meses por el coronavirus

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“Si seguimos así habrá decenas de miles de infecciones en octubre que llevaran a cientos de muertos diarios en noviembre”, afirmó Johnson en el Parlamento.

Desde Londres.El gobierno británico puso el freno y la marcha atrás de la desescalada del confinamiento. En un dramático mensaje a la nación a las ocho de la noche hora local, el primer ministro Boris Johnson señaló que el gobierno haría todo lo necesario para “combatir esta terrible amenaza que sufre la humanidad, la peor crisis que yo recuerde”.

Johnson elogió a la mayoría que respeta las reglas y lanzó un duro mensaje para los que no lo hacen: multas de hasta 10 mil libras y, en caso de ser necesario, la intervención del ejército. “A todos los que dicen que no son necesarias estas medidas y que deberíamos dejar que la gente tome sus decisiones, les digo que esto no es así. La trágica realidad es que la leve tos de uno es la muerte de otro.

“Y a los que dicen que hay que encerrar a los mayores y vulnerables con todo el sufrimiento que esto implica, les digo que esto no es realista. Si uno deja libre el virus por toda la población, inevitablemente este llegará a los mayores y vulnerables en una proporción mucho más devastadora”, dijo Johnson.

 El primer ministro había anunciado por la tarde en el parlamento la mayoría de las medidas: el cierre de todos los lugares de entretenimiento a partir de las 10 de la noche, el trabajo desde casa salvo para los servicios esenciales, el tapabocas obligatorio en taxis y negocios, y la reducción del número de participantes en bodas (a 15) y funerales (a 30).

“Como España, Francia y muchos otros países hemos llegado a un momento decisivo. En las últimas dos semanas las internaciones hospitalarias se han duplicado. Si seguimos así habrá decenas de miles de infecciones en octubre que llevaran a cientos de muertos diarios en noviembre. Y si no actuamos esos números empeorarán. Como con otras enfermedades respiratorias el Covid se contagia más rápido a medida que nos acercamos al invierno”, explicó Johnson en el parlamento.

El primer ministro enfatizó que las medidas se extenderán durante seis meses. La realidad meteorológica británica es que el invierno en este país se apropia de parte del otoño y la primavera: no muestra mucho respeto por las estaciones.

Johnson intentó una nota de su proverbial optimismo al cierre de su alocución parlamentaria al señalar que, para cuando llegue la primavera, la situación estará mucho mejor. “La ciencia nos está ayudando. La Dexameesthone, que probamos en este país, está reduciendo el número de casos. Está la posibilidad de una vacuna. No voy a negar que las cosas serán difíciles en los próximos meses, pero vamos a superar este momento”, dijo el primer ministro.

El optimismo de Johnson contenía un probablemente inadvertido chorro de agua fría. La vacuna, que tantos miran con expectativa, es en sus palabras más una posibilidad (“a prospect”) que una certeza. Los períodos que maneja la nueva política gubernamental parecen prescindir de la idea de una cura mágica previa que evite los sacrificios. Y el éxito, resaltó el primer ministro, dependerá de que se cumplan las reglas.El anuncio de Johnson nacionaliza una situación que ya afectaba a más de 13 millones de personas, una quinta parte de la población. En las últimas dos semanas grandes ciudades del norte británico como Liverpool, Manchester y Glasgow en Escocia junto a algunas de las Midlands como Birmingham y Wolvershampton adoptaron distintas variantes del confinamiento con toques de queda y nuevas reglas para la interacción social.

La regla de seis que entró en vigor el lunes de la semana pasada en todo el país – no más de seis personas reunidas dentro o fuera de las casas – fue sobrepasada por los acontecimientos. Sigue siendo uno de los pilares del actual sistema, pero ahora con la amenaza de medidas punitivas en caso de violación de las reglas.En el mensaje televisado a la nación buscó explicar directamente a los británicos la necesidad y urgencia de estas medidas. Y resaltar con un tono dramático el peligro de no aplicarlas. “Soy profundamente reticente a limitar la libertad de nadie, pero a menos de que adoptemos estas medidas, tendremos que ir por otras mucho más duras cuando las muertes aumenten y volvamos al nivel de infecciones que tuvimos en la primavera. Si la gente no sigue las reglas, nos reservamos el derecho de ir más allá. Tenemos que actuar ahora si queremos mantener la economía y las escuelas abiertas mientras trabajamos para suprimir el virus”, dijo Johnson.

El más allá de las actuales medidas es lo que el mismo Johnson llamó la semana pasada la “opción nuclear”: un regreso al confinamiento absoluto que el primer ministro anunció el pasado 24 de marzo.

Los casos se vienen duplicando desde principios de mes: este martes rozaron los cinco mil casos, la cifra más alta desde mayo. El cálculo de los asesores gubernamentales es que si no se adoptan medidas urgentes habrá 50 mil casos diarios a mediados de octubre y más de 200 muertos por día en noviembre. 

El tono usado por el primer ministro y el gobierno en los últimos días es un cambio radical del “laissez faire” que dominó el discurso oficial desde que comenzó la desescalada de la cuarentena. En mayo el gobierno instaba a que la gente fuera a su lugar de trabajo. En junio y julio liberó casi todas las actividades y buscó incentivar el consumo con precios subsidiados en restaurantes y bares.

El mismo Johnson llegó a profetizar con veraniego optimismo una navidad en la que todos estaríamos abrazándonos como de costumbre. El impacto de este lenguaje desaprensivo se siente ahora. El inicio de las clases en la primaria y secundaria a principios de septiembre puso más presión sobre el sistema. Según la ONS, organismo oficial de estadísticas, los contagios han aumentado en todas las edades, desde la niños hasta los grupos de riesgo, desde la reapertura de las aulas. Es, por el momento, una raya que el gobierno no quiere cruzar: las escuelas deben permanecer abiertas. Habrá que ver cómo sigue la película.

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Eduardo Feinmann volvió a la radio y habló del coronavirus: “Nunca pasé una situación similar”

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El periodista estuvo en su programa en Radio Rivadavia y describió lo mal que la pasó. “Es una enfermedad tremendamente inhumana”, aseguró.

Recuperado del coronavirus (Covid-19), Eduardo Feinmann (61) regresó a su programa en Radio Rivadavia y confesó: “Soy lo que queda de mí después de que me hayan pasado 10 aplanadoras por encima”.

El periodista contrajo el virus un mes atrás y estuvo una semana internando en el Sanatorio Otamendi. Luego, continuó la recuperación aislado en su casa.

“Mirá que tuve muchas enfermedades. De chico me las pescaba todas: paperas, hepatitis, todo bicho que volaba. Pero nunca pasé una situación similar. Nunca en mi vida”, aseguró Feinmann en Alguien tiene que decirlo.

“Es una enfermedad tremendamente inhumana. Un día te resulta que te internan, te tiran en una cama y ahí quedás. No podés ver a nadie. No le ves la cara a los médicos, a las enfermeras. No le conozco la cara a nadie. Solo los ojos”, dijo sobre el Covid-19.

Eduardo Feinmann volvió a su ciclo radial y habló de su recuperación. Foto archivo.

Eduardo Feinmann volvió a su ciclo radial y habló de su recuperación. Foto archivo.

El periodista y conductor describió su internación como “difícil” y que los primeros días fueron “dramáticos porque volaba de fiebre”.

“Es una enfermedad que no tiene cura”, afirmó. “Los médicos te dicen ‘vamos a ver cómo evolucionás. Hoy te hago una placa radiográfica y veo tus pulmones y mañana te hago otra. Y esperemos que no avance’”.

“Ahí la cabeza juega un papel muy fuerte donde vos tenés que estar luchando el virus, pero no hay nada que haga que el virus no avance. No hay un medicamento. Todos los días me pinchaban, me volvían loco. Me sacaban sangre, me lo ponían… Tremendo”, enfatizó.

Feinmann contó que recibió un tratamiento con anticoagulantes. “Para que no se forme un coágulo y se vaya al cerebro o al corazón”, fue la respuesta que le brindó el médico sobre el por qué del tratamiento, que duró una semana.

“Entonces, tu cabeza lucha con eso, contra el virus. Además, la carga viral que yo tuve fue monumental”, reconoció. Y reveló: “El promedio, según el doctor, es entre 60 y 250 mil copias. Yo tuve 100 millones. Literal”.

Por último, Feinmann recordó cuál fue su sensación cuando le comunicaron que era Covid positivo: “Es como si se me hubiera caído un edifico encima. Porque lo primero que te pasa por la cabeza es que sos un paria a partir de ese momento. Un infectado. Yo pasé a ser un apestado y un posible peligro para el resto. Y a partir de ese momento yo me sentía también un asesino de mis propios compañeros”.

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Coronavirus en el Reino Unido: sube la curva y podría haber botón rojo

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El país llegaría a 50 mil casos diarios a mediados de octubre

El gobierno británico tiene el botón rojo del confinamiento total a mano. En un sombrío mensaje televisado a la nación esta mañana, las dos máximas autoridades sanitarias advirtieron que si seguían con la actual curva de contagios el país tendría 50 mil nuevos casos diarios a mediados de octubre y unas 200 muertes por día en noviembre. “El número de muertes por Covid puede aumentar en una curva exponencial que nos lleve de pequeños números a números muy grandes. En los próximos seis meses tenemos que estar preparados para enfrentar significativas restricciones”, alertó Chris Witty, el jefe de asesores médicos del gobierno.

El cambio de tono de un gobierno siempre inclinado al optimismo fácil suena a un alarmado volantazo frente a una pandemia que no tolera la improvisación. El viernes el primer ministro Boris Johnson dijo que la segunda ola del Covid-19 ya había comenzado. El domingo su ministro de salud, Matt Hancock, habló de una encrucijada y señaló que las restricciones podrían extenderse en los próximos días a la capital, Londres. “Si todos respetamos las reglas podemos evitar un confinamiento nacional. Pero si esto no sucede, tenemos que estar preparados a hacer lo que sea necesario”, dijo Hancock.

Las reglas sociales a las que se refiere Hancock se pusieron en marcha el lunes pasado – prohibición de reuniones de más de seis dentro o fuera de la casa, endurecimiento de las multas – y resultaron rápidamente sobrepasadas por los acontecimientos. El nivel de infección diaria viene duplicándose semanalmente desde principios de mes. En muchas zonas del país la famosa Tasa R (intensidad de contagio) ha superado con creces los umbrales de seguridad.

El gobierno ha comenzado a ajustar las tuercas. Esta medianoche más de 13 millones de personas en el norte de Inglaterra y zonas de Escocia y Gales, una quinta parte de la población, estarán bajo una cuarentena parcial con toques de queda y nuevas reglas para la interacción social.

Nuevas reglas

Las nuevas reglas afectan a las grandes ciudades del norte británico – Liverpool, Manchester, Glasgow, Leicester – y a algunas de las Midlands como Birmingham y Wolvershampton. Cada autoridad local tiene un margen de autonomía sobre las restricciones. En la mayoría de las localidades se prohíbe la socialización con gente ajena a la vivienda, se recomienda limitar el viaje en transporte público a los servicios esenciales y se establece el cierre a las 10 de la noche para lugares de esparcimiento – pubs, restaurantes, cines.

Estas restricciones serán un posible modelo para lo que se anuncie esta semana en Londres.

A principios de la semana pasada el temor era que la capital estuviera a dos semanas de los índices de reproducción del virus que se registran en el norte. El viernes las proyecciones de los epidemiólogos eran mucho más alarmantes: Londres está a solo dos o tres días de alcanzar esos niveles de contagio.

El alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, tiene una cumbre con líderes de la ciudad en el curso de este lunes. El alcalde está considerando la posibilidad de recomendar que los que puedan trabajar desde casa lo hagan, un virtual regreso a los primeros meses de la pandemia.

Un cambio de este tenor sería un mensaje oficial contundente. Desde que en mayo se decidió avanzar por un camino de continuo relajamiento de la cuarentena, el gobierno conservador, con Boris Johnson a la cabeza, alentó a los británicos a regresar a su lugar de trabajo. En un intento de estimular el consumo el ministerio de finanzas lanzó su “eat out help out” (salga a cenar y ayude), un sistema de almuerzos y cenas subsidiados para apuntalar financieramente a los restaurantes.

El transitorio éxito económico de este sistema ha tenido un correlato sanitario: mayor exposición. Más impactante aún fue la decisión de abrir la escuela primaria y secundaria a principios de septiembre. Según el ente oficial de estadísticas británico, la ONS, ha habido mayores contagios a todas las edades, desde los niños a los padres y los grupos de riesgo.

Opción Nuclear

El primer ministro señaló que el confinamiento total es la “opción nuclear”: última instancia, botón rojo, que Johnson buscará evitar por todos los medios. En el nuevo vocabulario que ha traído la pandemia ahora se habla de un “circuit breaker”, mini confinamientos de dos semanas, que neutralicen transitoriamente el virus “rompiendo o interrumpiendo” el “circuito social” de los contagios.

En las grandes ciudades ven este futuro inmediato con pesimismo. Uno de los negocios más exitosos de Soho – centro del centro de Londres – es una peluquería vanguardista, “Blade Hair Clubbing”, que prosperó antes de la pandemia con el concepto de mezclar el corte de pelo y la actividad de una discoteca. “No sé si podremos sobrevivir otro confinamiento. Si esto sigue así muchos negocios de la zona van a cerrar”, dijo este fin de semana la dueña Julia Despot-Olofsson al matutino “The Guardian”.

Uno de los arquitectos del confinamiento en marzo, el epidemiólogo Neil Ferguson, del Imperial College, señaló que no hay muchas alternativas debido al imprudente relajamiento de los controles en el verano. “Hoy ya tenemos los niveles de infección que había a fines de febrero. Si no hacemos nada, en las próximas dos o cuatro semanas, llegaremos a los niveles de marzo con más muertes y más gente hospitalizada”, dijo Ferguson.

La mayoría de los más de 40 mil muertos oficiales por coronavirus ocurrieron precisamente entre marzo y mayo. Este escenario tan a la vista como el inminente invierno es el infierno más temido por los epidemiólogos y el gobierno.

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