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“Me mataron en vida”, cuenta desde prisión la joven condenada por el ataque a una comisaría para liberar a su pareja

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Zahira Bustamante tiene 22 años y un hijo, de su relación con Leandro Aranda, organizador de un intento de fuga que terminó en tragedia y derivó en un juicio sin precedentes. Está presa en Melchor Romero.

“Son cosas de película. Eso es imposible”, recuerda Zahira Bustamante (22) que le respondió a Leandro Aranda (25)su pareja, cuando le contó su plan, en uno de los calabozos de la comisaría 1 de San Justo.

Veinticuatro horas antes a la visita, Aranda había escuchado la noticia que no quería escuchar: le acababan de dictar la prisión preventiva. Eso significaba que apenas se liberaran cupos de algún penal bonaerense, lo subirían a un camión y lo trasladarían a una unidad.

“Si voy a una cárcel, me matan. No salgo vivo de ninguna”, le confesó a Zahira, en ese encuentro ocurrido el 26 de abril de 2018. A Aranda lo habían detenido el 18, por el crimen de Nicolás Ojeda, quien habría sido su cómplice en el robo a un narcotraficante. ​

El capítulo siguiente, el de “película”, se concretó la madrugada del 30. A eso de las 5 de la mañana, cuatro hombres disfrazados de policías ingresaron a la comisaría y dispararon contra los agentes. Intentaron rescatar a Aranda, uno de los 43 detenidos del lugar. La agente Rocío Villarreal (28) fue la única baleada. Recibió dos proyectiles. Quedó parapléjica.

La sentencia se conoció este viernes 9 de abril. Aranda, Bustamante, Tomás Axel Sosa (22) y Sebastián Ariel Rodríguez (42) se llevaron la peor pena: 50 años de prisión. ​Gonzalo Fabián D’Angelo (25) recibió 8 años. Y Leticia Analía Tortosa (41), abogada de Aranda, 3 años, por haberle ingresado un teléfono celular con el que el detenido se comunicó con sus compañeros. La causa tenía otro imputado, que se suicidó en la Unidad 3 de San Nicolás.  

Bustamante se comunica con Clarín desde uno de los teléfonos públicos de la Unidad 45 de Melchor Romero. Está en el sector de “Buzones”, en situación de tránsito, a la espera de un traslado a la Unidad que pidió (la 40 de Lomas de Zamora) o a la que se encontraba antes del juicio (la 46 de San Martín).

“Con la condena me mataron en vida”, es una de las primeras cosas que confiesa. “Estoy presa de cuerpo, pero mi alma está libre porque la cárcel me separó de Aranda. Yo estaba presa de él. Ahora al menos no vivo con miedo de que me pegue. Me liberé. Es lo único bueno que saco de todo esto”, detalla.

Veredicto en el juicio por ataque a la Comisaría de San Justo, ocurrido en 2018. Foto: Luciano Thieberger.

Veredicto en el juicio por ataque a la Comisaría de San Justo, ocurrido en 2018. Foto: Luciano Thieberger.

Esa madrugada, asegura, se levantó a las seis, siete de la mañana, por el llanto de su bebé de 8 meses. Lo primero que hizo fue mirar su teléfono celular. El mensaje de Aranda decía “me fue mal…”. Mientras amamantaba a su niño, encendió la tele. Todos los noticieros hablaban del ataque a la comisaría. ​Para la Justicia, Zahira había estado en la zona de la comisaría, ubicada en calle Villegas al 2400. Arriba de un auto y con su bebé. 

“La única prueba que tienen es un mensaje de Whatsapp que le envió a Aranda”, cuenta Walter Fidalgo, su abogado. “Pero no se pudo determinar dónde estuvo. Ni que lo hizo con su bebé. Ahora, lo que no se entiende es que a uno de los condenados le dieron 8 años por haberse quedado afuera, y a ella 50. Suponiendo que fuese verdad, su participación fue secundaria. La sentencia no tiene explicación. Y la detuvieron sin orden de detención, le secuestraron el celular sin orden judicial. Vamos a hacer un reclamo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.

Una relación desde chicos

La historia que terminaría en la “película” había comenzado mucho antes. ​Aranda y Bustamante se conocieron en Bellakeo Night, una discoteca de Flores. Ella tenía 14; él 18. En realidad, se conocían de antes. Aunque de vista. Por amigos en común. Pero esa noche, en el boliche de la avenida Rivadavia charlaron, se besaron, intercambiaron números de teléfonos.

Aranda y Zahira se conocieron cuando ella tenía 14 y él 18, en un boliche.

Aranda y Zahira se conocieron cuando ella tenía 14 y él 18, en un boliche.

Meses después, Zahira se mudaría a la casa de Aranda, en villa Cildañez, en Parque Avellaneda. Antes vivía en Devoto, con su madre.  

“Mi mamá me decía que Cildañez no era un lindo lugar; que debía rodearme de otra gente”, recuerda, ocho años después del comienzo de la relación. “Podría haber evitado todo lo que me pasó si hubiese escuchado a mi mamá. Fui muy terca. Deseo mucho volver a ser chica y elegir otra cosa”. Por esos días, Aranda trabajaba en un locutorio de Eva Perón y Escalada, Lugano. Y tuvo su primera causa. Lo detuvieron cuando manejaba un auto robado. Como no tenía antecedentes, salió a los tres días. Zahira dice que creyó su versión. Le había dicho que el auto era prestado, y que no tenía idea de que era robado.

Ya con 16 años, y dos meses de embarazo, cuenta que Aranda la golpeó hasta hacerla perder el bebé. Y que esa fue la gota que rebalsó el vaso: se armó un bolso y volvió de su mamá. Pero a los días lo tendría en la puerta de la casa de Devoto. “Yo había cambiado el chip, para que no me pudiera ubicar. Me apareció en lo de mi mamá y me seguía hasta mi trabajo, Me amenazó con matarme si no seguía con él. A mi y a mi mamá”, asegura.

El trabajo en cuestión quedaba sobre la avenida Avellaneda. Era vendedora en un local de ropa. Fue el único empleo que tuvo. Le duró cuatro meses. Al tiempo, volvió con Aranda. Pero a escondidas de su madre. Seguía en Devoto y cada vez que se encontraba con él, le decía a su mamá que salía con un chico del barrio. Quedó embarazada y mantuvo el secreto. Hasta que a los cuatro meses, el secreto se hizo insostenible.

“¿Por qué me pagás así? Si yo te dí una oportunidad…”, le recriminó su mamá al enterarse. Y concluyó con un “andate de mi casa”. Zahira se fue a Lomas del Mirador, a lo de su abuela. Por unos días. Luego se mudó a un departamento de Mataderos que le alquiló su papá. En esa vivienda, Aranda le confesaría su doble vida. Además de trabajar en el locutorio, robaba. Ahí entendió el estilo de vida de su novio, que la venía llenando de regalos que un trabajador, creía Zahira, no podría pagar: zapatillas, osos peluches enormes, ramos de flores.

De blanco, la abogada de Aranda, también condenada. De negro, Bustamante, durante la sentencia, que según su abogado será apelada. Foto: Luciano Thieberger.

De blanco, la abogada de Aranda, también condenada. De negro, Bustamante, durante la sentencia, que según su abogado será apelada. Foto: Luciano Thieberger.

“No quiero saber más nada con vos; no quiero esa vida para mí y para el bebé”, dice que le dijo. “Bueno, si no te gusta te va a tener que gustar igual”, fue la respuesta de Aranda. “Era una obsesión que tenía conmigo. Ya se me había ido el amor. No me dejaba trabajar, me revisaba el teléfono, casi no me dejaba tener contacto con mi familia, y si volvía tarde de algún lugar, me pegaba”, recuerda.

El golpe que cambió todo

Aranda no le contaba detalles de sus robos. Pero uno de esos días del segundo semestre de 2017, le comentó algo. A modo de promesa: “Tengo algo para hacer. No sé cómo saldrán las cosas. Pero si salen bien, la vida nos va a cambiar”, y no dijo más. El detalle que no contó es que tenía las llaves de un departamento que se utilizaba para guardar droga y dinero. Según la versión que reconstruyó Clarín en una recorrida por Cildañez, el botín era de 90 kilos de cocaína y 500 mil pesos. En el mercado, un kilo de cocaína puede costar unos 7 mil dólares, aproximadamente.

Aranda, Nicolás Ojeda y al menos otro integrante de la banda entraron al departamento y concretaron el robo. El problema es que el narco asaltado era de la misma villa que los ladrones. Y sospechó de los autores por la misma razón que sospecharía cualquiera: la ostentación. De un día para el otro, los integrantes de la banda cambiaron de auto, vestían como nunca antes, hacían regalos, paseaban y subían fotos a sus redes sociales. “Si hubieran guardado el dinero por un año, hoy estarían muy bien económicamente. Y libres, y vivos”, opina un investigador.

El narco fue en busca de Aranda. Lo encontró, lo encaró y le exigió la devolución de lo que no habían alcanzado a vender o gastar. “Se rumoreaba que lo querían matar”, dice Zahira. “Me acuerdo que nos tuvimos que mudar. La gente de la droga lo andaba buscando. No puedo creer cómo aguanté todo eso. Nunca pensé en las consecuencias. Por no haberlas pensado hoy estoy acá”, se lamenta.

Aranda llegó a entregar una parte del botín. Se comprometió a devolver el resto. La buscó en la casa de Ojeda, su cómplice. Y ahí, la mejicaneada de la mejicaneada. Porque después de robar al narco, mejicaneó a Ojeda. Se guardó su parte, se quedó con otra de Ojeda y entregó un poco más. “Es de mi parte. Ojeda no me quiso dar nada”, le juró al narco.

El 25 de agosto de 2017 Ojeda fue acribillado a metros de la casa que acababa de comprar, en Isidro Casanova. Como lo habían visto por última vez con su compañero de robo, Aranda comenzó a ser investigado y se mantuvo prófugo, pero luego sería condenado por el crimen a 10 años y seis meses, en un juicio abreviado.

De su deuda, no habría pagado más. El 18 de abril de 2018 fue detenido en la zona de Mataderos. Lo trasladaron a la Comisaría 1 de San Justo. Ese mismo día planeó su fuga. Estaba convencido de que el narco pagaría para que lo asesinaran en el penal que le tocara. Pero la familia de Aranda seguía en villa Cildañez, y jamás fue amenazada o agredida. El narco sabía dónde vivían. Hoy, tres años después del ataque, Aranda no recibió un solo ataque en la prisión. Está en la Unidad 30 de Alvear.

“El narco debe haber preferido perder la droga y el dinero y no tener a la Policía encima por un crimen. Ellos prefieren recaudar”, es la hipótesis de otro investigador.

La última noche

El jueves 26, Zahira salió de la visita con la orden de contratar a una abogada. “Si no me ayudás, te van a matar a vos y al bebé”, le habría dicho Aranda. Asegura que estaba al tanto del plan, pero no de cuándo lo ejecutarían. Por un amigo en común, se presentó en el estudio de Leticia Tortosa. Ella, 24 horas después, visitó a su nuevo cliente y le entró un teléfono celular.

Lo que pasó en la madrugada del 30 se conoció por todos los medios. Pero hasta después del ataque, los investigadores no tenían idea de quién sería el detenido al que habían querido rescatar. Por eso hicieron una requisa en el calabozo y encontraron decenas de celulares. Y en uno, el de Aranda, leyeron mensajes comprometedores. De él y de Zahira, que le había escrito sin saber que el aparato estaba en manos de policías.

Esa tarde, cerca de las 17 horas, Zahira se acercó a la comisaría. Se había enterado del traslado de los detenidos y quiso ver, al menos a la distancia, a su marido. Rodeada de periodistas que hacían móviles en vivo desde el lugar, un policía la llamó. “Tu marido pidió verte cinco minutos antes de subir al camión. ¿Querés pasar a verlo?”, le preguntaron.

Rocío Villarreal, la policía que quedó parapléjica tras el ataque de la banda a la comisaría de San Justo.

Rocío Villarreal, la policía que quedó parapléjica tras el ataque de la banda a la comisaría de San Justo.

Entró y la llevaron hasta un pasillo con una reja. Su marido no estaba. Le pusieron las esposas a la reja, le dijeron que estaba detenida y le quitaron el teléfono. “Decinos lo que sabés o te llenamos el auto de armas”, recuerda que le dijeron. Les respondió que no sabía nada. Que si supiera algo no habría llegado hasta la puerta de la comisaría.

Desde ese día conoció las cárceles de Azul, Lomas de Zamora, San Martín, Magdalena y Melchor Romero. Recibe la visita de su mamá y de su abuela. Hace un curso de cocina y siempre que puede, elige vivir en pabellones deportivos. Su conducta es óptima: ejemplar 10. Su hijo quedó al cuidado de su abuela materna. No quiso hacerlo entrar a la cárcel, a los pabellones de madres.

“Yo pensaba que me iban a dar pocos años. No hubo Justicia. Quiero pedirle perdón a mi familia, por no haberlos escuchado. Confío en que la vida me va a dar una segunda oportunidad”, cierra Zahira, desde su celda en Melchor Romero, donde el sábado 10 festejó sus 22 años.

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Le robaron la camioneta con cuatro perritas y su búsqueda desesperada estalló en las redes: al otro día las recuperó

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Ocurrió en La Matanza. Los usuarios viralizaron su pedido de ayuda y se las terminaron llevando a la casa.

Javier Ottaviani se dedica a bañar perros y cortarles el pelo en La Matanza desde hace 12 años. Y nunca vivió algo como lo que le sucedió entre el miércoles a la mañana y la tarde de este jueves: una búsqueda desesperada de cuatro mascotas que le robaron con su auto, y que gracias a la solidaridad de la gente en las redes, tuvo el mejor final.

El miércoles empezó su día de normalmente, pasando a buscar en auto a los perros de sus clientes de González Catán, para darles sus servicios. Pero un día que parecía rutinario tuvo un giro estremecedor.

A las 10 de la mañana, cuando tuvo que disminuir la velocidad por un pozo de la calle Scarlatti al 4800, frente al predio de la CEAMSE de la localidad matancera, un hombre lo abordó a punta de pistola, lo hizo bajar del vehículo y se lo llevó. No fue lo más grave: el ladrón se marchó con cuatro perros de los clientes de Javier a bordo.

El post de Javier, con los datos para que lo ayudaran en la búsqueda: la caniche Luly apareció unas horas después.

El post de Javier, con los datos para que lo ayudaran en la búsqueda: la caniche Luly apareció unas horas después.

En medio de la angustia, el peluquero canino acudió a las redes sociales para contar su situación y pedir ayuda. El desesperado pedido se viralizó y gracias a la respuesta inmediata de muchos usuarios, logró recuperar el vehículo. Pero faltaba lo que más le preocupaba: las cuatro perritas.

Se trata de Luli y Luz, dos caniches, Peppa, una golden retriever y una yorkshire terrier. El peluquero canino se encontró con mucha empatía y ayuda de los usuarios, y tanto vecinos del barrio como agrupaciones de rescate de animales empezaron a difundir su desesperada búsqueda.

Javier Ottaviani, el peluquero canino  de González Catán al que le robaron el auto con cuatro mascotas arriba.

Javier Ottaviani, el peluquero canino de González Catán al que le robaron el auto con cuatro mascotas arriba.

Fue tal la repercusión, que pronto el caso llamó la atención de distintos medios, y diversos canales de televisión fueron con cámaras hasta su domicilio para ayudarlo a difundir la situación.​

En la mañana del jueves, gracias a la viralización en las redes y la difusión del caso, se logró recuperar a Luli, una de las caniches, pero la búsqueda continúaba.

La yorkshire terrier que trasladaba Javier cuando le robaron la camioneta utilitaria, y que pide ayuda para recuperar.

La yorkshire terrier que trasladaba Javier cuando le robaron la camioneta utilitaria, y que pide ayuda para recuperar.

Según contó Javier en Facebook, la perrita que apareció primero había sido vendida a $500 “por un delincuente” a una vecina, que cuando se dio cuenta que había comprado un perro robado se contactó con el peluquero para devolverla.

Hacia la noche del mismo día, finalmente, la pesadilla llegó a su fin. Enterada de lo que había pasado, una persona apareció en su casa y le entregó las tres perritas que faltaban.

Primero apareció el auto

Lo primero que Javier recuperó había sido el vehículo robado. “Había gente que me iba contando por dónde circulaba la camioneta (de color rojo) y hasta un amigo me avisó que la vio en Rafael Castillo y la siguió hasta el lugar en el que varios tipos se bajaron. Ahí llamó al 911 y la Policía la recuperó”, contó al medio local Primer Plano. Sin embargo, el auto estaba vació, y no había rastro de los perros.

La camioneta en la que Javier trasladaba a las mascotas cuando fue asaltado en González Catán.

La camioneta en la que Javier trasladaba a las mascotas cuando fue asaltado en González Catán.

Javier decidió hacerse cargo de la situación, y aunque, como muchos, afronta dificultades económicas por la pandemia y las restricciones, optó por no trabajar el día siguiente del robo para dedicarse exclusivamente a encontrar a los perros robados.

Peppa, la golden retreiver que se llevaron con la camioneta de Javier y que ahora buscan.

Peppa, la golden retreiver que se llevaron con la camioneta de Javier y que ahora buscan.

“Hoy me golpearon y me robaron la camioneta de la peluquería canina con 4 clientes arriba”, contó en su cuenta de Facebook. “Gracias a ustedes que me fueron indicando pude encontrar la camioneta en Castillo, vacía”, continúa.

Luego hace su llamado a la solidaridad: “Ayúdenme, si alguien ve algo, escucha algo avísenme, somos cinco familia(s) que estamos muy preocupados, más toda la gente alrededor”.

La caniche Luli, la primera que apareció: la habían vendiod a 500 pesos.

La caniche Luli, la primera que apareció: la habían vendiod a 500 pesos.

“Hoy no voy a trabajar, me voy a ocupar del tema de los perritos robados, pero a partir de mañana tengo que trabajar sí o sí, la situación económica no me permite estar muchos días sin trabajar lamentablemente, buscaré los perritos y trabajaré”, escribió.

“Hace 12 años que hago peluquería canina, muchos de ustedes me conocen, mi manera de trabajar, mi manera de cuidar a sus mascotas, mi manera de ayudar al perro que puedo. Esta vez necesito que me ayuden ustedes”, continuó Javier, angustiado por no poder dar con los animales que estaban bajo su cuidado en el momento del asalto.

La gente no le falló. Y a menos de 48 horas del robo, sus cuatro “clientas” estaban sanas y salva de regreso en sus casas, con sus dueños. 

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Cayó una ex gremialista buscada desde 2018: se contagió Covid y quiso internarse con el nombre de su hermana

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Myriam Juárez está acusada de integrar la banda que falsificaba títulos para nombrar auxiliares de escuelas en Moreno.

Una exsecretaria de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) de Moreno, que estaba prófuga desde 2018, acusada de integrar una banda que falsificaba títulos para nombrar auxiliares de escuelas truchos, fue detenida cuando, bajo una falsa identidad, se internó en un hospital de General Rodríguez por padecer coronavirus.

Se trata de Myriam Juárez, quien fue detenida cuando se encontraba internada en el pabellón para enfermos de covid-19 del hospital Baldomero Sommer. La sindicalista ahora detenida había sido suspendida en su cargo en enero de 2019 por una resolución de la conducción del gremio.

Este jueves, al ingresar al centro médico, la mujer se hizo pasar por su hermana y aportó esa falsa identidad. Pero fue localizada y detenida tras una investigación realizada por la DDI de General Rodríguez-Moreno y la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 4 de Moreno, a cargo del fiscal Federico Soñora.

La mujer tenía un pedido de captura desde el 25 de octubre de 2018 en una causa por “asociación ilícita en concurso real con defraudación en perjuicio del Estado reiterado y uso de documento público falso reiterado”. Fue luego de una auditoría que realizó la Dirección General de Escuelas provincial y que derivó las actuaciones a la Justicia penal.

La ahora detenida se desempeñaba como secretaria general de la UPCN de Moreno cuando fue denunciada. “Desde ese momento estaba prófuga. Está señalada como la jefa de una asociación ilícita que vendía títulos truchos desde el Consejo Escolar y tenía gente que cobraba sin trabajar”, expresó a la agencia de noticias Télam un vocero con acceso al expediente.

Tres meses después, una resolución firmada por el secretario General del gremio, Carlos Quintana, determinó el reemplazo de Juarez por la dirigente María Estela Moyano, según dijeron fuentes gremiales a Clarín.

Juárez se encuentra detenida y aislada en el centro asistencial y se espera que mejore su salud para tomarle declaración indagatoria.

La mujer formaba parte de una banda integrada por delegados gremiales, funcionarios del Consejo Escolar de Moreno y agentes de la dirección de Escuelas provincial. Tenía un aceitado mecanismo de fraude para conseguir el ingreso de auxiliares truchos en escuelas de esa ciudad.

Eran personas que no cumplían los requisitos o que estaban inhabilitados para trabajar como porteros. Se estima que la estafa sería por más de un millón de pesos en haberes cobrados de manera irregular.

Por ahora, no podrá ser indagada por la fiscalía. “Aunque está sin respirador, como esta aislada no puede declarar ni está en condiciones de hacerlo”, explicaron voceros judiciales, quienes dijeron que Juárez es custodiada por una consigna policial dentro del hospital.

El exintendente Walter Festa (derecha) posa junto a Carlos Quintana y Myriam Juárez, secretarios provincial y local, respectivamente, de UPCN.

El exintendente Walter Festa (derecha) posa junto a Carlos Quintana y Myriam Juárez, secretarios provincial y local, respectivamente, de UPCN.

Corrupción en Moreno

La banda de la que formaba parte Juárez y que fue desbaratada en octubre de 2018, estaba integrada por delegados gremiales, funcionarios del Consejo Escolar de Moreno y agentes de la Dirección de Escuelas provincial.

Ellos tenía un aceitado mecanismo de fraude para conseguir que en escuelas de Moreno ingresaran de auxiliares truchos, personas que no cumplían los requisitos o que estaban inhabilitadas para el trabajo. Se estima que la estafa sería por más de un millón de pesos en haberes cobrados de manera irregular.

En su momento, la Policía realizó nueve allanamientos en la Municipalidad de Moreno, en dependencias oficiales de La Plata y en domicilios particulares, y logró detener a cuatro de los seis integrantes de la organización: una funcionaria de la Municipalidad de Moreno, su hija y dos empleados del área de contralor del Ministerio de Educación provincial.

El 9 de febrero de 2017, se denunció en la Fiscalía 4 la falsificación de planillas remitidas a la Dirección de Educación con el objetivo de hacer que un grupo de personas que no trabajaban en escuelas públicas de Moreno cobraran haberes como auxiliares.

Se constataron casos de agentes que figuraban en los registros, pero que no trabajaban. Y también se descubrió que la documentación para habilitar esos puestos habría sido llevada a La Plata por delegadas del gremio UPCN.

El expediente sumó denuncias de varios directores de escuelas que constataron irregularidades.

Elvio Nievas era auxiliar del jardín de Infantes de Cuartel V hasta 2015, pero fue detenido y estuvo preso dos años. Le ofrecieron “hacer gestiones” para que pudiera cobrar esos 24 meses a cambio de 10 mil pesos. Según denunció Nievas, fue Lilian Juarez, exdirectora de Seguridad de Moreno, quien le ofreció la maniobra.

Pero cuando tuvo que pagar el “trámite”, a Nievas le exigieron más dinero. Y como no pudo pagar, Lilian Juárez lo habría amenazado de muerte. Eso determinó la apertura de uno de los expedientes judiciales. Allí se pudo constatar, además, que la funcionaria municipal; su hermana, la ahora detenida Myriam Juarez (titular de UPCN Moreno) y su sobrina Bettiana Arazco ingresaban licencias falsas a cambio de dinero. En la municipalidad de Moreno aclararon que “Juarez fue incluida en la función pública por presión de UPCN”.

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Golpeó a su pareja en Nordelta y huyó con una fortuna en su Porsche: “Me pateó como a un animal”

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Diego Tibessio, con antecedentes por integrar una asociación ilícita, fue detenido con 137 mil dólares y 580 mil pesos.

La escena fue brutal. Diego Iván Tibessio (49) golpeó a su pareja hasta que cayó al suelo, donde continuó con la paliza. “Me pateó como a un animal“, pudo describir la mujer cuando tuvo la oportunidad de declarar.

Todo ocurrió en la casa familiar del barrio los Castores, en Nordelta, cuando un empresario de Martínez agredió a su esposa y a sus dos hijos, quienes atinaron a defenderla. Después escapó en su Porsche e intentó robar todos los ahorros de la pareja.

Ahora Tibessio está preso y acusado de “amenazas y lesiones leves agravadas por violencia de género y por el vínculo“. Se negó a declarar y ya pidieron formalmente su detención.

El auto de alta gama, lanchas en el Delta y viajes a Estados Unidos eran la pantalla de este hombre, dueño de un cuestionado negocio de venta de neumáticos.

El auto del atacante, en el que intentó escapar.

El auto del atacante, en el que intentó escapar.

No es la primera vez que Tibessio termina en la cárcel: el año pasado lo arrestaron en el marco de una investigación por “asociación ilícita“. Su comercio habría sido parte de una red que comercializaba ruedas y llantas robadas.

No está claro cuándo empezaron las agresiones a su pareja, con la que lleva una relación de 26 años. Lo cierto es que este martes a las 23 una discusión terminó en una brutal golpiza.

Todo empezó en el comedor de la planta baja porque “Tibessio le pidió el número de teléfono de un inquilino y ella no lo tenía“, según trascendió.

Así comenzaron los gritos y los insultos en el caserón de Nordelta. La violencia verbal pasó rápidamente a la física: el hombre le pegó trompadas en la cara a su pareja hasta tirarla al suelo.

Después la pateó hasta que, por los gritos desesperados, intervino la hija menor del matrimonio, de 21 años. Cuando la joven intentó defender a su mamá, también fue agredida por Tibessio.

Diego Iván Tibessio, detenido por violencia de género contra su mujer. El ataque ocurrió en Nordelta.

Diego Iván Tibessio, detenido por violencia de género contra su mujer. El ataque ocurrió en Nordelta.

Las mujeres se escondieron en una habitación de la planta alta para pedir ayuda al 911 y la seguridad del barrio. Pero el hombre estaba fuera de sí: las corrió para evitar que lo denunciaran y hasta agredió a su hija. Cuando su mamá se interpuso, volvió a pegarle.

Las dos mujeres de la casa no pudieron frenar el violento ataque. Solo se detuvo cuando intervino el hijo varón, un abogado de 25 años que tuvo que romper un vidrio para acceder al cuarto y defender a su hermana y a su mamá.

Pero Tibessio no se conformó con la violencia que ejerció contra su mujer y contra sus hijos: recorrió la propiedad y se robó los ahorros de la familia, también relojes de su esposa y de su hija, además de collares, pulseras y anillos de oro. Quiso dejarlos sin nada.

El acusado se fugó de su casa de Nordelta y se llevó 137 mil dólares, 580 mil pesos y joyas.

El acusado se fugó de su casa de Nordelta y se llevó 137 mil dólares, 580 mil pesos y joyas.

Juntó todo lo que pudo y subió a su Porsche gris -que debe alrededor de 90 mil pesos de patente– con 137 mil dólares, 580 mil pesos y un bolso con las cosas de su familia.

Lograron interceptarlo policías que realizaban adicionales para el Centro de Operaciones de Tigre (COT).  “El sospechoso fue detenido cuando circulaba por la ruta 202 y El Cano, en la zona de Bancalari”, indicaron fuentes policiales.

La investigación por el hecho quedó en manos del fiscal Diego Callegari, de la fiscalía especializada en Violencia de Género de Tigre.

El acusado se negó a declarar y Callegari pidió que su aprehensión sea formalizada como detención mientras continúa recolectando información y testimonios.

La víctima del ataque, que está asustada pero fuera de peligro, pidió reserva de su identidad y pudo relatar lo que ocurrió esa noche.

Además del contexto de violencia de género, el fiscal Callegari investigará el origen del dinero secuestrado. Es que en aquella causa del 2020 la fiscal Carolina Asprella ya lo había señalado como integrante de una banda que comercializaba autopartes robadas.

Comunicado de Nordelta

Tras la difusión del episodio, la Asociación Vecinal Nordelta condenó “enfáticamente” la violencia ejercida por Tibessio y destacó que “colaboró con las fuerzas policiales cuando ingresaron a la ciudad para atender la denuncia”, además de entregar registros de las cámaras de video que verifican ingresos y egresos.

“La Asociación Vecinal, además, se puso a total disposición de las fuerzas de seguridad y los funcionarios judiciales para facilitar la investigación y llegar a un total esclarecimiento del hecho”, añadió.

Por último, señaló que “la Justicia será la que finalmente se expida sobre este caso. Pero como comunidad, lamentamos y condenamos todo acto de violencia. Son situaciones en las que tenemos que colocarnos siempre al lado de la víctima, colaborando en todo lo que esté a nuestro alcance”.

En los últimos diez años en Argentina hay un promedio de un femicidio cada 30 horas. Según estadísticas de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, sólo en 2018 fueron 278. La mayoría de los asesinatos ocurren en las casas de las víctimas y son cometidos por parejas o ex.

DÓNDE LLAMAR

Línea 144Atención para mujeres en situación de violencia.

Línea 137Atención a Víctimas de Violencia Familiar.

911 Emergencias

LGP – GL – EMJ

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