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Las importaciones aumentan 25% en mayo, pero igual los faltantes son cada vez más generalizados

Aunque crece el volumen no alcanza para hacer frente a la mayor demanda y a los elevados precios de los insumos. El Banco Central acumuló USD 600 millones en lo que va de mayo, pero va más lento de lo esperado

Las importaciones siguen aumentando en mayo a un ritmo del 25% anual, según datos preliminares que maneja el equipo económico. Sin embargo, las quejas por la falta de insumos para la producción son cada día más generalizadas en distintas ramas de la industria. Las dificultades para conseguir productos van desde autos cero kilómetro, motos, autopartes, telas, calzado deportivo y hasta pelotas de rugby.

La escasez de oferta en muchos segmentos y la falta de competencia de una economía cada vez más cerrada aceleran todavía más la inflación.

Curiosamente, las importaciones ya suman USD 7.000 millones mensuales, el nivel más alto de los últimos años. Esta cifra se registró en marzo, se mantendría en abril (el dato oficial se conoce esta semana) y seguramente se prolongará a mayo. En lo que va del año, el incremento se acerca a casi 40%. Con estos niveles, el superávit comercial comenzó a achicarse y este año quedará lejos de los casi USD 14.000 millones registrados en 2021.

Pero nada alcanza. Los aumentos de precios internacionales son tan fuertes que no alcanza con la suba de las importaciones para satisfacer las necesidades de la producción local. También pesa mucho en la ecuación la necesidad de importar gas para abastecer a la industria, con fuertes aumentos en los costos del Gas Natural Licuado.

En este contexto, el Banco Central hace malabarismos. Por un lado, tiene que cumplir con la exigencia del FMI de acumulación de reservas. La meta del primer trimestre se alcanzó, pero la del segundo viene más complicada. En lo que va de mayo pudo comprar USD 600 millones, pero aún le faltan por lo menos USD 1.800 millones adicionales hasta fin de junio.

Lo paradójico es que los precios de exportación de los productos agropecuarios están en valores récord, lo que debería darle al Central mayor comodidad para moverse. La soja sigue arriba de los 600 dólares y la tonelada de trigo supera los 450 dólares. Sin embargo, se complica la acumulación de reservas incluso durante los actuales meses de “temporada alta” para la liquidación de dólares por parte del complejo cerealero.

Claro que al mismo tiempo tiene que responder a los pedidos del sector industrial y la necesidad de importar energía. Ambos son claves para sostener la recuperación económica luego del fuerte rebote del año pasado. Por ahora, las cifras siguen siendo levemente favorables, pero para adelante podría haber más complicaciones. La elevada inflación le pega a los ingresos y se resiente la demanda interna.

El propio titular del Central, Miguel Pesce, reconoció que la acumulación de reservas viene más complicada de lo previsto: “En el primer trimestre sobrecumplimos la meta con el FMI, en abril terminamos con saldo negativo y mayo viene irregular”, aseguró.

La falta de productos en la economía es cada vez más notorio, aunque paradójicamente el volumen de importaciones sigue aumentando en relación al 2021. El Central tiene más problemas para acumular reservas, porque no alcanzan los dólares para todos los sectores que los demandan

La balanza turística también presiona sobre los dólares del Central. En el primer trimestre del año, el rojo por viajes y compras en el exterior arrojó USD 1.300 millones. El proyectado arroja un déficit superior a los USD 5.000 millones para 2022, que también complica los planes de acumulación de reservas. En los últimos dos años la cuenta turística prácticamente había arrojado un resultado neutro por la imposibilidad de viajar al exterior en medio de la pandemia.

Por supuesto que el tipo de cambio también juega un rol importante en esta ecuación. El dólar oficial, que es el que se utiliza para las operaciones de comercio exterior, muestra signos crecientes de atraso cambiario. El índice de tipo de cambio real multilateral que elabora el propio Banco Central cayó un 20% en relación al nivel de hace un año y volvió a niveles de marzo de 2018.

Esta caída del tipo de cambio medida en términos reales desalienta a los productores agropecuarios a liquidar, a la espera de una mejora a la hora de cambiar sus dólares a pesos. La contracara son los importadores, que buscan conseguir todas las divisas posibles a estos precios. Por eso, buena parte de la demanda del sector se ve insatisfecha, aunque no está claro cuánto corresponde a necesidad de contar con insumos para la producción y cuánto se debe a mera especulación.

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