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Esclerosis Múltiple: ¿qué se necesita para llegar a un diagnóstico oportuno y prevenir secuelas?

Hoy día la esperanza de vida de los pacientes que padecen esta enfermedad es la misma que la de la mayoría. Señales para atacarla a tiempo.

Visión doble, pérdida de agudeza visual, cosquilleo y entumecimiento. En el marco del Día Nacional de la Esclerosis Múltiple (EM), que se celebra mañana, buscan alertar tanto sobre los principales síntomas como acerca de las cuestiones necesarias para arribar de manera temprana a un diagnóstico oportuno, y así prevenir secuelas y llevar a cabo una vida normal.

De hecho, luego de un diagnóstico temprano, es probable que la persona con EM, que es una enfermedad autoinmune, viva lo mismo que alguien sin la patología, y sin las secuelas que, dependiendo de dónde haya impactado el ataque agudo, pueden llegar a dar cegueras, alteraciones urológicas, llegando a la postración o incapacidad de hacer actividades diarias.

“Si bien clásicamente se la asociaba con una disminución de un promedio de 7 años, lo cierto es que revisiones actualizadas de la bibliografía no encuentran una correlación entre esperanza de vida y las presentaciones más frecuentes de la EM (remitente-recurrente)”, explica Diego Vega Laiun, socio fundador de la Fundación Argentina de Neurofisiología Clínica.

Qué es la Esclerosis Múltiple

El profesional explica en qué consiste esta enfermedad, y por qué se ven afectados los impulsos nerviosos.

“Se trata de una patología progresiva que afecta el cerebro y la médula espinal, o sea el sistema nervioso central, en la que el sistema inmunológico degrada la cubierta protectora de los nervios, una vaina llamada mielina que rodea las neuronas. Cuando ésta se daña, los impulsos nerviosos disminuyen o se detienen; en lugar de viajar rápido, lo hacen en cámara lenta”, explica.

Para graficarlo, Vega Laiun establece una comparación: “la mielina es como el aislante que tienen los cables: cuando se va perdiendo, hay una fuga de electricidad, se pierde potencia y velocidad en la conducción”, afirma, y explica que la degradación de esta vaina genera un daño en los los nervios, ocasionando una interrupción en la comunicación entre el cerebro y el cuerpo.

La resonancia magnética es clave a la hora de diagnosticar EM. Foto Shutterstock.La resonancia magnética es clave a la hora de diagnosticar EM. Foto Shutterstock.

Eso da lugar a diferentes síntomas, como pérdida de la visión, dolor, fatiga y disminución de la coordinación.

Si bien, como afirma el neurofisiólogo, no se sabe exactamente qué causa la EM, sí se conoce es que afecta más a las mujeres que a los hombres y que la mayoría de los casos se diagnostica entre los 20 y 40 años, aunque se pueden observar a cualquier edad.

El médico estima que en el país sólo 17 de cada 100.000 habitantes tienen EM, lo que se traduce en 7650 pacientes. Muchos de ellos pueden no presentar manifestaciones gran parte de su vida, mientras que otros pueden llegar a tener síntomas graves que no merman.

“La forma más frecuente de EM es la remitente recurrente, que tiene antecedentes de al menos dos ataques en períodos de remisión. Otras presentaciones son la EM secundaria progresiva, en donde la enfermedad puede empeorar lentamente entre un ataque y otro; y la EM primaria progresiva, en donde hay una progresión gradual pero sin ataques claros”, detalla.

Cómo arribar al diagnóstico

Además de los síntomas mencionados, pueden darse problemas de debilidad: tanto parálisis facial, como problemas cognitivos como la depresión, así como disfunción sexual, incontinencia urinaria o mareos. Vega Laiun indica que estos episodios pueden remitir al cabo de semanas y con el paso del tiempo aparecer otros.

Por eso, es importante estar alertas. “Cuando vemos que los impulsos nerviosos se lentifican, inferimos que puede haber algún problema con la mielina. Es en esos casos cuando se debe complementar la imagen (la resonancia magnética en la que aparecen manchas con zonas desmielinizadas) con los potenciales evocados (que confirman si hay enlentecimiento en la velocidad de conducción a nivel del sistema nervioso central)”, asegura.

La depresión puede ser tanto síntoma secundario como secuela, y debe ser tratada. Foto Shutterstock.La depresión puede ser tanto síntoma secundario como secuela, y debe ser tratada. Foto Shutterstock.

Y precisa: “Estos exámenes siempre deben ser realizados por los neurofisiólogos clínicos, que son quienes saben hacerlo correctamente y que también darán una certera interpretación de los resultados. Si el sistema nervioso fuera un cableado, los neurofisiólogos clínicos seríamos una suerte de electricistas del cuerpo”, compara.

Tipos de tratamiento

El profesional añade que durante los últimos 25 años “se ha avanzado sustancialmente en los tratamientos de pacientes con EM permitiendo llevar una vida normal, sumado al hecho de que las presentaciones más agresivas de la EM incapacitante son poco frecuentes”, detalla, y especifica que ni la EM primaria progresiva ni la progresiva recurrente llegan al 15%.

Sin embargo, cada paciente debe tener un tratamiento individualizado de acuerdo a la etapa en la que se encuentra. En líneas generales, se suele recomendar:

  • Tratamiento modificador de la Enfermedad (TME): apunta mediante fármacos inmunomoduladores a moderar la respuesta inmune que ataca a las neuronas. Debe ser recibido con o sin síntomas de manera crónica, ya que está orientado a prevenir los brotes.
  • Tratamiento agudo durante las recaídas: habitualmente se usan corticoides en altas dosis durante un período corto de tiempo, ya que su objetivo es limitar la extensión de los daños durante los brotes.
  • Tratamiento sintomático: está orientado a mitigar los síntomas secundarios, por ejemplo apoyo psicológico, antidepresivos, apoyo kinesiológico, analgésicos, o lo que resulte necesario.

Si bien la EM no puede prevenirse, aconsejan incrementar la exposición solar para alcanzar niveles adecuados de vitamina D como forma disminuir la probabilidad de desarrollar la enfermedad, así como mantener una dieta adecuada rica en esa vitamina, tener un buen estado físico, abandonar el tabaco, el alcohol y vivir en zonas de baja prevalencia.

Respecto al último punto, aclara: “cuando los pacientes adolescentes se mudan a una región de prevalencia más baja tienen menor probabilidad de desarrollarla en el futuro (por ejemplo, Centroamérica)”.

Todo eso se asocia a menores chances de tener EM, y en el caso de padecerla, a una evolución más favorable.

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