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El “INDEC” del Covid: cuántos casos por día hay realmente en Argentina

Cómo impacta en los partes diarios el cepo a los testeos, disponibles para una minoría. Baja la sensación de peligro, cae el ritmo de vacunación y la duda crece: ¿Es Covid o gripe?

Una pareja de Ingeniero Maschwitz concurrió el último fin de semana a una clínica privada porque su hija de 9 años tenía síntomas de Covid-19. Querían testearla para confirmar o descartar el diagnóstico. Les dijeron que por protocolo nacional la prepaga ya no cubría los testeos de menores de 60 años y que si querían hisoparla debían pagar. ¿Pagaron? No. ¿La clínica la dio por positiva? Tampoco.

¿Cuántos casos de Covid hay por día en Argentina? Difícil saberlo. Si bien ciertos datos objetivos indican que la curva efectivamente está en baja, la diferencia entre la cifra oficial de casos y la realidad es una incógnita. Un escenario estadístico que -ahora desde lo sanitario- guarda un aire de similitud con el INDEC de Guillermo Moreno, cuando góndolas y bolsillos se peleaban con la inflación que difundía el Gobierno kirchnerista.

El 14 de enero fue el pico de la tercera ola de Covid en el país y tres días después se registró el promedio semanal más alto, con 114.018 casos cada 24 horas. La última semana ese promedio fue de 5.632 casos. Hubo un descenso  en picada superior al 95 por ciento. Sin embargo, en el medio ocurrió la modificación del protocolo de testeos.

El promedio de descenso de casos en el mundo fue hasta el momento del 56 por ciento desde el pico global del 24 de enero. En la región, la baja fue dispar. En Brasil, del 79 por ciento; en Chile, del 41; en Ecuador, 87; Uruguay, 83. En Europa, España tuvo una caída del 88 por ciento; Italia, del 80; y Francia, del 86. En América del Norte, Estados Unidos, mostró una merma del 94 por ciento y Canadá, del 85.

El último viernes, el Ministerio de Salud celebró en un comunicado el abrupto derrumbe de la curva argentina en menos de dos meses, que a juzgar por las cifras de esos otros países ubica al nuestro como líder entre los que ostentan registros optimistas. Sin embargo, el asterisco de la modificación en la lógica de detección de contagios no aparece al pie de página.

Una trabajadora de la salud aplica unavacuna contra el Covid en Avellaneda. Foto: XinhuaUna trabajadora de la salud aplica unavacuna contra el Covid en Avellaneda. Foto: Xinhua

El Consejo Federal de Salud (Cofesa) resolvió en la segunda quincena de enero que sólo se hisoparía a los sintomáticos mayores de 60 años, a los que tienen enfermedades de riesgo y a las embarazadas. El resto debía ser dado como positivo por criterio clínico epidemiológico. Pero esta última premisa encerró una laguna.

La consecuencia fue el ensanchamiento de la distorsión histórica entre los casos reales y los que se cuentan, algo que abona también el contraste que se produce al analizar la disminución de las muertes en cada país. Ahí el escenario en la región es más parejo: tanto Argentina como Brasil, Uruguay y Paraguay muestran una variación descendente de entre el 64 y el 67 por ciento; Colombia, del 79 por ciento; y Bolivia, 92;

La positividad en Argentina -casos positivos sobre testeos realizados- es otro de los indicadores en baja, arrimándose cada vez más al saludable límite del 10 por ciento recomendado por la OMS. Pero ese índice pierde rigor cuando el universo de testeados se contamina con el sesgo delimitado por segmentos etarios o grupos específicos pasibles de ser hisopados.

Con un 99 por ciento de incidencia de Ómicron en el territorio nacional, la menor virulencia de esta variante y una cobertura de la vacunación con dos dosis que llega al 80 por ciento de la población, los expertos afirman que lo más importante en este momento de la pandemia es el número de internados en terapia intensiva y la cantidad de muertes.

La relación entre fallecimientos y casos informados por provincia es diversa. La causa podría deberse tanto a que la letalidad en algunos distritos es efectivamente superior a la de otros -menos gente vacunada, más adultos mayores contagiados- como al subregistro de casos, producto de no testear, o de hacerlo de manera discrecional. Las muertes, en cambio, son las que son y dan lugar a dudas.

Vizzotti en un encuentro del (Cofesa), en diciembre. Foto: Ministerio de Salud de la NaciónVizzotti en un encuentro del (Cofesa), en diciembre. Foto: Ministerio de Salud de la Nación

Se supone que los casos sospechosos no hisopados deberían ser informados como positivos, por criterio clínico. Pero eso no sólo no ocurre siempre, sino que cuando el Covid empieza a dar una tregua las infecciones pueden tener otras causas.

La discriminación en los testeos da lugar a tres efectos concatenados: la gente sabe que no la van a hisopar y ante esa certeza evita ir al hospital; se registran e informan menos casos diarios; la sensación de peligro baja y configura un potencial atentado contra la voluntad de la población de vacunarse. Esto último se articula con la recurrente lentitud del ritmo en las aplicaciones: la cobertura de terceras dosis no llega al 40 por ciento.

Clarín consultó a Arnaldo Casiró, jefe de Infectología del Hospital Alvarez. Si bien Casiró trabaja en un centro de salud porteño -donde los hisopados se siguen realizando sin restricciones-, ofreció un análisis general sobre la situación: “Con esta política de testeos el subregistro aumenta, porque hay mucha gente que ni siquiera consulta. Y otra que consulta y no la testean. La única tranquilidad que uno tiene es que no se está viendo un aumento en las internaciones por Covid, lo cual es un indicador indirecto de que los casos están en baja. En ese sentido no es tan preocupante”.

Y agregó: “El otro tema es que estamos bajo una alerta de gripe. Entonces no sabemos si la gente que está con síntomas tiene gripe o Covid. Al no hacerse el hisopado para todos los virus no podemos saberlo. Además, tendría que haber una política más firme de advertirle a la gente que si está con síntomas se quede el tiempo necesario en la casa. Hay muchos que al tercer día se sienten bien y salen”.¿Qué pasa hoy con los asintomáticos? “Hay muchos, pero no los podemos detectar ni saber cuántos son; andan dando vueltas por ahí justamente por el hecho de no haber testeos de contactos estrechos. Pero es así: con las tres vacunas sabemos que hay mucha gente asintomática sin que podamos cuantificarla”, señaló el experto.

El escenario favorable permitió un normal comienzo de clases en el país. Foto: Orlando PelichottiEl escenario favorable permitió un normal comienzo de clases en el país. Foto: Orlando Pelichotti

El infectólogo Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital Ricardo Gutiérrez, coincidió con su colega: “Es obvio que si testeás a determinadas franjas etarias o situaciones especiales como las embarazadas, por ejemplo, aparece un subregistro de casos. La revisación clínica no garantiza el diagnóstico”.

López añadió que “los asintomáticos y convivientes pasan inadvertidos porque no se testean. Por lo tanto, si bien el número de casos está bajando porque eso se refleja en las camas de terapia y de eso no hay duda, es posible que los casos ambulatorios puedan ser mayores”.

Se podría especular con que los autotests caseros, aprobados por el Gobierno el 11 de enero, habrían llegado para funcionar como contrapeso privado de la decisión de restringir los hisopados públicos a una minoría de argentinos. Pero la cifra diaria que se compra en las farmacias es marginal en el conjunto.

Isabel Reinoso, presidenta de la Confederación Farmacéutica Argentina, dijo a Clarín que se registran actualmente unos 2.000 kits por día, cuyos resultados se incorporan por ley al Sistema Nacional de Vigilancia. La positividad ronda el 12 por ciento.

La decisión de hisopar sólo a los mayores de 60 años -grupo que conforma apenas el 13 por ciento de los casos detectados desde el inicio de la pandemia- o a los pacientes de riesgo surgió en plena tercera ola, cuando los centros de testeo no daban abasto. Esa situación ya cambió: la demanda bajó, pero la recomendación del Cofesa no se ha modificado.

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