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El hombre que pasó 40 años encerrado en una pequeña habitación sin luz ni calefacción

Estaba allí desde los 16 años. Los oficiales que lo rescataron quedaron conmovidos: “Nunca vi algo así”.

Un llamado anónimo advirtió a las autoridades sobre un caso que, de tan siniestro parecía inverosímil. Los agentes llegaron hasta una casa en Carlise (Inglaterra) y encontraron un cobertizo, una pequeña construcción de madera que se suele utilizar para guardar herramientas y elementos de jardinería. Al abrir las puertas había a un hombre que llevaba 40 años viviendo allí.

Una historia que comenzó cuando el hombre tenía apenas 16 años y mediante una operación organizada entre Peter Swailes y su hijo, también llamado Peter Swailes, lograron traer al por entonces joven hasta su vivienda. Le dieron aquel precario rincón para que se instale y lo hicieron trabajar sin remuneración. Cada tanto recibía 10 libras (unos 13 dólares) de parte de esta familia.

No tenía libertad, no tenía identidad y estaba allí desde hacía cuatro décadas. Un caso de esclavitud que conmovió hasta a los propios investigadores. “Nunca vi un caso de esclavitud moderna en el que la explotación haya tenido lugar durante tanto tiempo”, explicó el oficial Martin Plimmer.

Le dieron aquel precario rincón para que se instale y lo hicieron trabajar sin remuneración. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)Le dieron aquel precario rincón para que se instale y lo hicieron trabajar sin remuneración. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)

El hombre, que ahora tiene 62 años, vivió la mayor parte de su vida en aquel pequeño cobertizo de madera oscuro. Cuando lo encontraron y la historia salió a la luz, en octubre de 2018, tenía 58 y entre sus pertenencias apenas tenía algo de ropa de cama sucia, un viejo televisor y una silla. “Parecía un conejo aterrado”, describió Plimmer a BBC sobre su primera impresión. “Se lo notaba muy confundido”.

Su improvisada vivienda solo tenía una ventana, que no se podía cerrar por completo, por lo que en invierno apenas tenía reparo contra el frío en una ciudad en la que las temperaturas en invierno rondan los 2 grados. A la vez, al cerrarse las puertas, el espacio quedaba en la más completa oscuridad.

Sin embargo, cuando los oficiales recorrieron el lugar, se sorprendieron al notar que había otro cobertizo en la propiedad y era utilizado para que durmiera el perro de la familia. Este otro ambiente estaba en mucho mejores condiciones.

El perro vivía en un mejor lugar que el hombre. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)El perro vivía en un mejor lugar que el hombre. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)

Como pudo, el hombre se puso de pie. Las autoridades vieron que la única vestimenta que tenía era la que llevaba puesta y en el lugar en el que se encontraba acostado simplemente había un viejo acolchado sucio. “No había calefacción y hacía mucho frío. Eran condiciones en las que ningún ser humano debería vivir”, señaló el agente Plimmer.

Una nueva vida

De inmediato fue trasladado por los oficiales para ser analizado por personal médico especializado. En tanto Swailes padre, que por entonces tenía 79 años, fue arrestado bajo sospecha de delitos de esclavitud. Seis meses después, en abril de 2019, su hijo también fue detenido y acusado por el mismo cargo.

Padre e hijo quedaron arrestados bajo sospecha de delitos de esclavitud. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)Padre e hijo quedaron arrestados bajo sospecha de delitos de esclavitud. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA)

En los medios locales surgió una pregunta: ¿cómo puede ser que en todos esos años la víctima no hubiera intentado escapar? “Ha estado traumatizado durante tanto tiempo que será un proceso lento recuperar su confianza”, explicó Plimmer. “Es un caso extremadamente triste y grave”.

El hombre fue trasladado a una vivienda subsidiada por el estado, donde por primera vez tuvo la libertad de decidir qué hacer con su vida. Mientras que la causa contra los Swailes avanzaba lentamente. 

Para Martin Plimmer lo primero “y más importante en mi mente en este momento es la víctima. Recordemos que ha sido explotado durante toda su vida adulta hasta hace apenas unos años”.

Recibirá la sentencia en febrero. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA).Recibirá la sentencia en febrero. Foto: Gangmasters and Labor Abuse Authority (GLAA).

Recién en los primeros meses del 2021 les tocó presentarse ante los tribunales. Allí negaron todos los cargos ante el juez Richard Archer. Sin embargo, en septiembre Peter Swailes padre murió a los 80 años, antes de que el juicio llegara a desarrollarse. Fue un quiebre para la dupla y Junior, de 56 años, debió encarar solo el juicio, pautado para este mes de enero de 2022.

Tres años tras los secuestradores

La investigación de las autoridades comenzó 3 años antes de aquel 3 de octubre de 2018 en que se abrieron las puertas del cobertizo y el hombre fue liberado. Gracias a un llamado anónimo los agentes lograron encontrar a la víctima en el lugar y fue así como finalmente el pasado 18 de enero Swailes llegó al juicio.

Aunque, tras la muerte de su padre, el panorama cambió para Swailes Junior. En búsqueda de una condena más leve admitió haber explotado al trabajador y se declaró culpable del delito de esclavitud moderna.

De esta manera Swailes fue puesto en libertad bajo fianza y ahora deberá presentarse ante el tribunal para recibir la sentencia el próximo 4 de febrero.

40 años de encierro

De acuerdo al testimonio de Plimmer, fue la propia víctima quien les dijo que había vivido allí durante cuatro décadas. “Él ahora tiene poco más de 60 años. Esto es algo que incluso ahora me cuesta comprender. Durante 40 años fue mantenido como esclavo”.

“Esta fue una investigación realmente desgarradora. Es agradable ver que Swailes finalmente hizo lo correcto y se declaró culpable. Me gustaría destacar el trabajo de mis investigadores al abordar lo que ha sido una investigación muy compleja, que ha planteado numerosos desafíos en el camino”.

“Lamentablemente, somos muy conscientes del hecho de que (la víctima) quedará traumatizada por su experiencia por el resto de su vida. Me comprometo a garantizar que continúe teniendo el apoyo regular y constante que necesita, lo que le permite llevar una vida lo más normal posible dadas las circunstancias”.

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