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Salud

Advierten que 6 de cada 10 hipertensos no está bien controlado

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En Argentina, por los menos uno de cada tres adultos es hipertenso, según arrojan estudios epidemiológicos y la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2018). Si bien ese dato por sí solo es preocupante, lo es aún más que alrededor de la mitad de ellos desconoce que tiene sus valores de presión arterial por encima de lo normal y que, entre quienes sí conocen su condición, un porcentaje importante no está tratado y otro tanto pese a estarlo no se encuentra bien controlado. Una realidad que volvió a ponerse de manifiesto en los resultados de la campaña “Conoce y controla”, de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), que estableció a partir de este año el 14/9 como Día Nacional del Hipertenso, ya que la fecha se asocia con la cifra límite (140/90 mmHg) a partir de la cual se considera que una persona tiene la presión elevada.

Se trata de la tercera edición de la campaña que cuenta con el auspicio del Ministerio de Salud y Desarrollo Social y en cuyo marco durante el mes de mayo se realizaron mediciones de presión a 85.296 adultos de todo el país (casi el triple de los 30.000 de 2017), con un promedio de edad de 61 años. Más de la mitad (53%), tras dos mediciones de presión espaciadas, tuvieron cifras de hipertensión. Entre ellas, el 26,8% desconocía su condición, mientras que entre las que conocían su diagnóstico, casi todas (97%) estaban bajo tratamiento: la mitad con su presión arterial controlada y la otra mitad no. En síntesis: casi el 65% de los hipertensos no tiene bajo control sus valores.

A diferencia de los años anteriores, el nivel de conocimiento y de personas bajo tratamiento fue más alto, algo que está vinculado a que el promedio de edad también fue mayor (en 2018 había sido 52) y la hipertensión es un problema que aumenta su frecuencia con los años, pese a que se ve cada vez más en niños, niñas y adolescentes, vinculado a la epidemia de obesidad y sedentarismo, advierten los especialistas.

“Esto no es un estudio epidemiológico, es una campaña que está dirigida a concientizar, a llamar la atención, que la gente se dé cuenta que estamos hablando de algo que es sumamente frecuente, que es muy fácil de diagnosticar, que tiene tratamiento claro, pero a pesar de todos esos puntos a favor, la prevalencia es alta. Hay algo que está fallando”, analiza en diálogo con Clarín Irene Ennis, presidenta de la SAHA. “De 10 hipertensos hay seis que están mal: tres porque no lo saben y tres porque están mal tratados. Es incomprensible”, coincide en el diagnóstico Marcos Marín, vicepresidente de la entidad.

140/90 es el límite máximo al partir del cual se considera que una persona tiene hipertensión.

140/90 es el límite máximo al partir del cual se considera que una persona tiene hipertensión.

La hipertensión es el factor de riesgo más importante para la enfermedad cardiovascular, la principal causa de muerte en el país. Ennis insiste en que “se está llegando tarde” al tratar consecuencias graves que podrían prevenirse. Y la responsabilidad, dice, es compartida: “Los médicos no estamos controlando lo suficiente o indicando lo suficiente el tratamiento, o la gente no lo está valorando. No llegan a darse cuenta porque no duele, no pica, no da señales hasta que hacen el infarto o el accidente cerebrovascular (ACV)”.

Por eso, el mensaje que buscan transmitir está dirigido a toda la población. “La idea de la campaña es abrirles los ojos a todos, incluidos los médicos y los responsables de los programas de salud. Entre todos tenemos que corregir esto. Hay gente que después de un ACV tiene que dejar de trabajar, o que requiere internación y tratamientos costosos. Llegar antes es más sencillo: sólo hay que tomar la presión y decirle al paciente que de ahora en más debería comer un poco menos de sodio, hacer algo de actividad física y tomar remedios accesibles. Sin embargo, no nos va bien”.

Según el autorreporte por cuestionario de la última ENFR, el 34,6% de los adultos en Argentina tiene la presión arterial elevada. Pero la encuesta nacional realizada el año pasado incluyó por primera una fase de mediciones objetivas (a un subgrupo se le midió la presión), que arrojó otros datos: de la población general, el 40,6% tuvo la presión arterial elevada (mayor o igual a 140/90 mmHg). En el informe preliminar difundido en abril, desde la Secretaría de Salud sostenían que “es evidente que la prevalencia de hipertensión arterial en adultos en Argentina es mayor al 34,6%” y que de los resultados se desprende “el alto nivel de subdiagnóstico de esta condición que es silenciosa y que requiere de una búsqueda activa y rastreo sistemático”.

El problema es que la oportunidad de encontrar a las personas con presión elevada muchas veces se pierde incluso dentro del consultorio. “Nosotros creemos que el médico en general (no especialista) no toma la presión. Entre otras cosas, porque no tiene el aparato. Y cuando tiene el aparato, habitualmente es viejo, aneroide (el del “relojito”), está descalibrado, la toma rápido y ‘ningunea’ el resultado”, dice Marín a este diario.

“Dada la alta proporción de hipertensos que desconocen su condición, en cada contacto con el sistema de salud debería controlarse la presión arterial, en todas las especialidades e independientemente del motivo de la consulta”, propone Martín Salazar, profesor titular de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata y miembro de la SAHA.

Pero no se está haciendo agua únicamente con los hipertensos que “escapan” al diagnóstico, sino también con la mitad que estando bajo tratamiento no logran un buen control de la enfermedad. La presidenta de la SAHA, que es doctora en Medicina e investigadora independiente del Conicet, vuelve a repartir responsabilidades: “En ocasiones, al médico le cuesta combinar fármacos (se pueden necesitar hasta 3) o ser más exigente con el tratamiento y a veces son los pacientes que hacen lo que les parece”.

El estudio CHARTER que nació de la comisión directiva de la SAHA y fue publicado esta semana en una revista internacional (The Journal of Clinical Hypertension) arroja algunas pistas en ese sentido. Incluyó a 1146 pacientes mayores de 18 años bajo tratamiento farmacológico (con dos drogas en promedio), provenientes de 10 centros de referencia de Argentina. La principal conclusión a la que arribaron los investigadores es que el 65% de los pacientes hipertensos tratados en centros especializados presentan un control adecuado de la presión arterial, “una cifra muy superior” a la reportada en la población general (43.6%, según el estudio Renata 2). “El desafío para futuras investigaciones es definir estrategias para traducir esta tasa de control al nivel de atención primaria, donde se maneja a la mayoría de los pacientes”, concluyen los autores.

En ese sentido, el año pasado la Dirección Nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas No Transmisibles lanzó la prueba piloto del Plan Nacional de Prevención, Control y Tratamiento de la Hipertensión Arterial en el Primer Nivel de Atención en la provincia de La Rioja, que se espera se amplíe al resto del país. En tanto, estaba previsto que hoy diversas sociedades científicas firmaran en la Secretaría de Salud una guía nacional para el tratamiento de la hipertensión en atención primaria.

El diagnóstico de los factores vinculados a “estilo de vida” tampoco es bueno: más del 60% de la población adulta del país está excedida de peso y es sedentaria, lo que aumenta el riesgo de hipertensión. El consumo elevado de sodio es, no obstante, la principal causa y si bien cada vez menos personas le agregan sal a las comidas en la mesa o después de la cocción, 2/3 de la ingesta proviene de productos procesados o envasados.

Cómo tomarse la presión arterial en forma correcta

El diagnóstico de hipertensión lo realiza el médico, luego de varias mediciones con valores superiores a 14/9. El profesional puede indicar al paciente que haga un monitoreo domiciliario y que registre los valores obtenidos durante varios días, en diferentes momentos del día.

✔️Use equipos digitales automáticos validados

✔️Intente medirse en diferentes momentos del día.

✔️Siéntese en una silla con respaldo de modo que permita mantener la espalda apoyada.

✔️Apoye los dos pies sobre el piso. No cruce las piernas.

✔️Apoye el brazo sobre una superficie plana con la palma hacia abajo.

✔️Espere unos minutos (idealmente cinco) antes de iniciar el registro de la presión arterial.

✔️Cuando termine anote el valor que le arrojó el medidor.

✔️Si puede, haga otro control uno o dos minutos después del primero y anote los dos.

Conductas recomendadas

✔️Visitar al médico y realizarse chequeos de los factores de riesgo.

✔️Medirse la presión al menos 1 vez por año con un equipo automático validado.

✔️Tomar las medicaciones antihipertensivas indicadas por el profesional.

✔️Reducir el consumo de sal, aun sin ser hipertenso.

✔️No fumar.

✔️Mantener un peso adecuado.

✔️Hacer ejercicio físico en forma regular.

✔️Mantener una dieta saludable baja en sal, rica en frutas y verduras, legumbres y pescado.  Evitar la sal de mesa, panificados, embutidos, fiambres, quesos, productos procesados.

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Asesor de Alberto Fernández asegura que Argentina podría tener su propia vacuna contra el coronavirus

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Así lo aseguró Tomás Orduna, infectólogo del Hospital Muñiz e integrante del equipo asesor sobre la pandemia del presidente Alberto Fernández.

“La Argentina podría tener en algún momento una vacuna propia contra el coronavirus Covid-19, pero por ahora hay que reducir los niveles de ansiedad y extremar las medidas de cuidado personal, como usar barbijo y mantener la higiene”, señaló este jueves el infectólogo del Hospital Muñiz Tomás Arduna.

Arduna, quien integra el comité de asesores de Presidencia, dijo que si bien hay desarrollos científicos evolucionando en distintos países, llegar a la vacuna “no se trata de una carrera ni de un ‘Grand Prix'”.

Hasta que la vacuna esté aprobada y disponible, la mejor vacuna es la solidaridad y la responsabilidad. Al extremar las medidas de cuidado personal, barbijo e higiene, estoy cuidando a otros. Y eso es recíproco”, señaló el experto en el marco de un ciclo de charlas abiertas de la Fundación OSDE.

Sobre el desarrollo de vacunas, el especialista pidió “bajar la ansiedad”, y consideró que “en lo que queda de 2020 y probablemente parte del año próximo, la clave seguirá siendo la concientización y el llamado a la responsabilidad”.

Se mostró optimista sobre los avances de la ciencia argentina, al sostener que se podría tener “una vacuna propia, para abastecer al mercado local, pero también para la región”.

Dijo que “no se trata sólo de quién tiene primero la vacuna sino con qué criterio se va a distribuir, quiénes van a acceder a ella”.

“Junto con el agua potable, las vacunas han constituido la mayor mejora en materia de salud pública, y por eso deberían ser universales”, señaló.

Advirtió finalmente que “cuando se cortan los planes de vacunación, vuelven a aparecer enfermedades que no se habían visto por años, como el sarampión en el Cono Sur”.

Por su parte, la jefa de Enfermedades Infecciosas del Municipio de San Isidro, Elena Ubieta, advirtió sobre la necesidad de no interrumpir la vacunación.

“Los padres deben cumplir con el calendario de vacunación de los chicos, aún en medio de la pandemia, esto es fundamental para mantener a raya al resto de las enfermedades”, señaló.

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Salud

La pandemia amenaza con extinguir los avances contra la tuberculosis, el VIH y la malaria

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Las cuarentenas y las interrupciones a las cadenas de suministro podrían deshacer los progresos hechos en los últimos 20 años.

Comienza con una fiebre leve y un malestar, seguido de una tos dolorosa y falta de aliento. La infección prospera en las multitudes, extendiéndose a las personas más cercanas. Para contener un brote es necesario localizar los contactos, así como aislar y tratar a los enfermos durante semanas o meses.

Esta insidiosa enfermedad ha tocado todas las partes del mundo. Es la tuberculosis, la mayor causa de muerte por enfermedades infecciosas en todo el mundo, que se cobra 1,5 millones de vidas cada año.

Hasta este año, la tuberculosis y sus aliados mortales, el VIH y la malaria, estaban en descenso. El número de víctimas de cada enfermedad en la década anterior llegó a su punto más bajo en 2018, el último año del que se dispone de datos.

Sin embargo, ahora, a medida que la pandemia de coronavirus se extiende por todo el mundo, consumiendo los recursos sanitarios mundiales, estos adversarios perennemente desatendidos están regresando.

El doctor Giorgio Franyuti en un hospital en México, donde actualmente atiende pacientes de coronavirus. Debido a la pandemia, ha tenido que dejar atrás su labor en la selva, atendiendo casos de tuberculosis (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

El doctor Giorgio Franyuti en un hospital en México, donde actualmente atiende pacientes de coronavirus. Debido a la pandemia, ha tenido que dejar atrás su labor en la selva, atendiendo casos de tuberculosis (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

“COVID-19 corre el riesgo de descarrilar todos nuestros esfuerzos y llevarnos de vuelta a donde estábamos hace 20 años”, dijo el Dr. Pedro L. Alonso, director del programa mundial de malaria de la Organización Mundial de la Salud.

No es sólo que el coronavirus haya desviado la atención científica de la tuberculosis, el VIH y la malaria. Los cierres, particularmente en partes de África, Asia y América Latina, han levantado barreras insuperables para los pacientes que deben viajar para obtener diagnósticos o medicamentos, según entrevistas con más de dos docenas de funcionarios de salud pública, médicos y pacientes en todo el mundo.

El temor al coronavirus y el cierre de clínicas han mantenido alejados a muchos pacientes que luchan contra el VIH, la tuberculosis y el paludismo, mientras que las restricciones a los viajes por aire y por mar han limitado gravemente la entrega de medicamentos a las regiones más afectadas.

Alrededor del 80% de los programas de tuberculosis, VIH y malaria en todo el mundo han informado de interrupciones en los servicios, y 1 de cada 4 personas que viven con el VIH han informado de problemas para acceder a los medicamentos, según la ONU sobre el SIDA. Las interrupciones o retrasos en el tratamiento pueden provocar resistencia a los medicamentos, que ya es un problema grave en muchos países.

En la India, donde se registran alrededor del 27% de los casos de tuberculosis en el mundo, los diagnósticos han disminuido en casi un 75% desde que comenzó la pandemia. En Rusia, las clínicas de VIH se han vuelto a destinar a las pruebas de coronavirus.

Un paciente de coronavirus recuperándose en un hospital de Méxicp (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

Un paciente de coronavirus recuperándose en un hospital de Méxicp (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

La temporada de la malaria ha comenzado en África Occidental, donde se produce el 90% de las muertes por malaria en el mundo, pero las estrategias normales de prevención (distribución de mosquiteros tratados con insecticidas y rociado con pesticidas) se han reducido debido a los cierres.

Según una estimación, un cierre de tres meses en diferentes partes del mundo y un retorno gradual a la normalidad en un plazo de 10 meses podría dar lugar a otros 6,3 millones de casos de tuberculosis y 1,4 millones de muertes por esta causa.

Una interrupción de seis meses de la terapia antirretroviral podría provocar más de 500.000 muertes adicionales por enfermedades relacionadas con el VIH, según la OMS. Otro modelo de la OMS predijo que en el peor de los casos, las muertes por malaria podrían duplicarse hasta 770.000 por año.

Varios expertos en salud pública, algunos a punto de llorar, advirtieron que si las tendencias actuales continúan, es probable que el coronavirus haga retroceder años, tal vez décadas, de laborioso progreso contra la tuberculosis, el VIH y el paludismo.

El Fondo Mundial, una asociación público-privada para luchar contra estas enfermedades, estima que para mitigar estos daños se necesitarán por lo menos 28.500 millones de dólares, una suma que es poco probable que se materialice.

Tapiwa Mungofa, un médico que trabaja en un hospital en Zimbabwe que debió cerrar su centro de atención a tratamiento de pacientes con tuberculosis por la pandemia (Cynthia R. Matonhodze/The New York Times).

Tapiwa Mungofa, un médico que trabaja en un hospital en Zimbabwe que debió cerrar su centro de atención a tratamiento de pacientes con tuberculosis por la pandemia (Cynthia R. Matonhodze/The New York Times).

Si la historia sirve de guía, el impacto del coronavirus en los pobres se sentirá mucho después de que la pandemia haya terminado. La crisis socioeconómica de Europa oriental a principios de la década del 90, por ejemplo, dio lugar a las tasas más elevadas del mundo de un tipo de tuberculosis resistente a múltiples medicamentos, distinción dudosa que la región mantiene aún hoy en día.

El punto de partida de esta ruinosa cadena de acontecimientos es un fracaso en el diagnóstico: cuanto más tiempo pase sin diagnosticar una persona, y cuanto más tarde comience el tratamiento, más probable es que una enfermedad infecciosa se extienda, enferme y mate.

“Cuanto más se deje sin diagnosticar y sin tratar, más tendrá el próximo año y el siguiente”, dijo la Dra. Lucica Ditiu, que dirige la Asociación Stop TB, un consorcio internacional de 1700 grupos que luchan contra la enfermedad.

La infraestructura construida para diagnosticar el VIH y la tuberculosis ha sido una gran ayuda para muchos países que luchan contra el coronavirus. GeneXpert, la herramienta utilizada para detectar el material genético de la bacteria de la tuberculosis y del VIH, también puede amplificar el ARN del coronavirus para el diagnóstico.

Pero ahora la mayoría de las clínicas están usando las máquinas sólo para buscar el coronavirus. Priorizar el coronavirus sobre la TB es “muy estúpido desde la perspectiva de la salud pública”, dijo Ditiu. “En realidad deberías ser inteligente y hacer ambas cosas”.

Thomas Wuoto debió pedir medicación contra el VIH a terceros luego de quedarse sin provisión por la cuarentena (Khadija Farah/The New York Times).

Thomas Wuoto debió pedir medicación contra el VIH a terceros luego de quedarse sin provisión por la cuarentena (Khadija Farah/The New York Times).

En un país tras otro, la pandemia ha dado lugar a un fuerte descenso de los diagnósticos de tuberculosis: un 70% en Indonesia, un 50% en Mozambique y Sudáfrica, y un 20% en China, según la OMS.

A finales de mayo en México, mientras las infecciones de coronavirus aumentaban, los diagnósticos de tuberculosis registrados por el gobierno cayeron a 263 casos, desde los 1097 de la misma semana del año pasado.

La pandemia también está reduciendo el suministro de pruebas diagnósticas para estas enfermedades, ya que las empresas se dedican a producir los tests para el coronavirus, que son más caros de hacer. Cepheid, el fabricantes de pruebas de diagnóstico de tuberculosis basado en California, ahora hace tests de coronavirus.

Las empresas que hacen tests para la malaria están haciendo lo mismo, según afirma la doctora Catharina Boehme, ejecutiva en jefe de la Fundación para Nuevos Diagnóstico Innovadores.

Las pruebas del virus de la coronación son mucho más lucrativas, a unos 10 dólares, en comparación con los 18 centavos de una prueba rápida de malaria.

Estas empresas “tienen una tremenda demanda de COVID en este momento”, dijo el Dr. Madhukar Pai, el director del Centro Internacional McGill para la Tuberculosis en Montreal. “No puedo imaginar que las enfermedades de la pobreza reciban atención en este espacio”.

La pandemia ha obstaculizado la disponibilidad de medicamentos para el VIH, la tuberculosis y el paludismo en todo el mundo al interrumpir las cadenas de suministro, desviar la capacidad de fabricación e imponer barreras físicas a los pacientes que deben viajar a clínicas distantes para recoger los medicamentos.

Y esta escasez está obligando a algunos pacientes a racionar sus medicamentos, poniendo en peligro su salud. En Indonesia, la política oficial es proporcionar un mes de suministro de medicamentos a la vez a los pacientes con VIH, pero últimamente la terapia antirretroviral ha sido difícil de conseguir fuera de Yakarta.

Las personas con VIH y tuberculosis que se saltan la medicación tienen más probabilidades de enfermarse a corto plazo. A largo plazo, hay una consecuencia aún más preocupante: un aumento de las formas de resistencia a los medicamentos de estas enfermedades. La tuberculosis ya resistente a los medicamentos es una amenaza tal que los pacientes son vigilados de cerca durante el tratamiento, una práctica que en su mayoría ha sido suspendida durante la pandemia.

Según la OMS, al menos 121 países han notificado una disminución de las visitas de pacientes con tuberculosis a las clínicas desde que comenzó la pandemia, lo que pone en peligro los logros alcanzados con tanto esfuerzo.

“Esto es realmente difícil de digerir”, dijo Ditiu. “Tomó mucho trabajo llegar a donde estamos. No estábamos en la cima de la montaña, pero estábamos lejos de la base. Pero entonces vino una avalancha y nos empujó de nuevo al fondo.” Los cierres en muchos lugares se impusieron con tanta rapidez que las existencias de drogas se agotaron rápidamente.

Incluso si los gobiernos están dispuestos, con alguna ayuda de los grandes organismos de asistencia, a comprar drogas con meses de antelación, la oferta mundial puede agotarse pronto.

“La interrupción de las cadenas de suministro es algo que realmente me preocupa, para el VIH, para la tuberculosis, para la malaria”, dijo el Dr. Carlos del Río, presidente del consejo científico asesor del Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA.

La exageración sobre la cloroquina como tratamiento potencial para el coronavirus ha llevado al acaparamiento de la droga en algunos países como Myanmar, agotando sus reservas mundiales.

“Somos muy dependientes de unos pocos desarrolladores o fabricantes clave para todos los medicamentos en todo el mundo, y eso debe diversificarse”, dijo la Dra. Meg Doherty, que dirige los programas de VIH en la OMS. “Si tuvieras más depósitos o fabricantes de medicamentos desarrollados localmente, estaría más cerca del punto de necesidad”.

Las organizaciones de ayuda y los gobiernos están tratando de mitigar algunos de los daños mediante el estiramiento de los suministros y el almacenamiento de medicamentos. En junio, la OMS cambió su recomendación para el tratamiento de la tuberculosis resistente a los medicamentos. En lugar de 20 meses de inyecciones, los pacientes ahora pueden tomar pastillas durante nueve a 11 meses. El cambio significa que los pacientes no tienen que viajar a las clínicas, cada vez más cerradas por los cierres.

En algunos países, como Sudáfrica, la mayoría de los pacientes ya recogen los medicamentos en centros comunitarios en vez de en hospitales, dijo el Dr. Salim S. Abdool Karim, experto en salud mundial en Sudáfrica y presidente de un comité asesor del gobierno sobre COVID-19. “Eso ha sido una ventaja importante en cierto modo”.

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Coronavirus

Cuáles son los 6 tipos de coronavirus y qué síntomas provoca cada uno

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Científicos de la Universidad King’s College London revelaron que existen seis formas diferentes de COVID-19

El análisis de los datos de la aplicación COVID Symptom Study, dirigida por investigadores del King’s College London en conjunto con el hospital Guy’s and St Thomas, reveló que hay seis “tipos” distintos de COVID-19 que circulan hoy en día en el mundo, cada uno de los cuales se distingue por un grupo particular de síntomas.

Además, el equipo descubrió que estos tipos de enfermedades difieren en la gravedad y la necesidad de asistencia respiratoria durante la hospitalización de los afectados.

Los hallazgos tienen implicaciones importantes para el manejo clínico de COVID-19, y podrían ayudar a los médicos a predecir quién tiene mayor riesgo y sea probable que necesite atención hospitalaria en el caso de una segunda ola de casos por coronavirus. En la actualidad, y según datos de la Universidad Johns Hopkins, en el mundo hay más de 18.1 millones de infectados por el virus SARS-CoV-2, 690 mil muertos y 10.7 millones de recuperados.

Aunque la tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto -denominada anosmia y disgeusia respectivamente- generalmente se destacan como los tres síntomas clave de COVID-19, los datos recopilados de los más de 4 millones de usuarios de la aplicación mostraron que las personas pueden experimentar una amplia gama de síntomas diferentes, incluidos dolores de cabeza, dolores musculares, fatiga, diarrea , confusión, pérdida de apetito y falta de aliento, entre otros. La progresión y los resultados también varían significativamente entre las personas, desde síntomas leves parecidos a la gripe o una erupción cutánea simple hasta una enfermedad grave o mortal.

La tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto aparecen como los síntomas más presentados por los afectados por COVID-19 (Shutterstock.com)La tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto aparecen como los síntomas más presentados por los afectados por COVID-19 (Shutterstock.com)

Para averiguar si los síntomas particulares tienden a aparecer juntos y cómo esto se relaciona con la progresión de la enfermedad, el equipo de investigación utilizó un algoritmo de aprendizaje automático para analizar datos de un subconjunto de alrededor de 1.600 usuarios en el Reino Unido y los EE. UU. con COVID-19 confirmado y que habían registrado regularmente sus síntomas utilizando la aplicación COVID Symptom Study en marzo y abril.

El análisis reveló seis agrupaciones específicas de síntomas que emergen en puntos de tiempo característicos en la progresión de la enfermedad, que representan seis “tipos” distintos de COVID-19. Luego, el algoritmo se probó ejecutándolo en un segundo conjunto de datos independiente de mil usuarios en el Reino Unido, Estados Unidos y Suecia, que habían registrado sus síntomas durante mayo.

Todas las personas que informaron síntomas experimentaron dolor de cabeza y pérdida del olfato, con diversas combinaciones de síntomas adicionales en varios momentos. Algunos de estos, como la confusión, el dolor abdominal y la dificultad para respirar, no se conocen ampliamente como síntomas de COVID-19, pero son características de las formas más graves de la enfermedad.

Así ataca el coronavirus (Infografía: Marcelo Regalado)

Así ataca el coronavirus (Infografía: Marcelo Regalado)

Los seis grupos de COVID-19:

1- COVID “similar a la gripe” sin fiebre: dolor de cabeza, pérdida del olfato, dolores musculares, tos, dolor de garganta, dolor en el pecho, sin fiebre.

2- COVID “similar a la gripe” con fiebre: dolor de cabeza, pérdida de olfato, tos, dolor de garganta, ronquera, fiebre, pérdida de apetito.

3- COVID gastrointestinal: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, diarrea, dolor de garganta, dolor en el pecho, no tos.

4- COVID nivel uno severo, con fatiga: dolor de cabeza, pérdida del olfato, tos, fiebre, ronquera, dolor en el pecho, fatiga.

5- COVID nivel severo dos, con confusión: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor en el pecho, fatiga, confusión , dolor muscular.

6- COVID nivel tres grave, con dolor abdominal y respiratorio: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor en el pecho, fatiga, confusión, dolor muscular, falta de aliento, diarrea, dolor abdominal.

Los científicos descubrieron un tipo de coronavirus gastrointestinal (Shutterstock)Los científicos descubrieron un tipo de coronavirus gastrointestinal (Shutterstock)

Luego, el equipo investigó si las personas que experimentaban grupos particulares de síntomas tenían más probabilidades de necesitar soporte respiratorio en forma de ventilación u oxígeno adicional.

Los investigadores, descubrieron que sólo el 1.5% de las personas se encontraban en el grupo 1el 4.4% de las personas presentaban síntomas compatibles con el grupo 2 y el 3.3% de las personas con el grupo 3 de COVID-19 necesitaban ayuda respiratoria. Estas cifras fueron 8,6%, 9,9% y 19,8% para los grupos 4,5 y 6 respectivamente. Además, casi la mitad de los pacientes en el grupo 6 terminaron en el hospital, en comparación con sólo el 16% de los del grupo 1.

En general, las personas con síntomas del grupo 4, 5 o 6 de COVID-19 tendían a ser mayores y más débiles, y tenían más probabilidades de tener sobrepeso y tener afecciones preexistentes, como diabetes o enfermedad pulmonar, que aquellas con tipo 1,2 o 3, describieron los científicos en el paper, explicado por el King’s College London.

Ilustración, creada en los CDC, del nuevo coronavirus 2019, Atlanta, EEUU (MAM/CDC/Entregada vía REUTERS)

Ilustración, creada en los CDC, del nuevo coronavirus 2019, Atlanta, EEUU (MAM/CDC/Entregada vía REUTERS)

Luego, los investigadores desarrollaron un modelo que combina información sobre la edad, el sexo, el IMC y las afecciones preexistentes junto con los síntomas recopilados en solo cinco días desde el inicio de la enfermedad.

Esto fue capaz de predecir en qué grupo cae un paciente y su riesgo de requerir hospitalización y soporte respiratorio con una mayor probabilidad de ser correcto que un modelo de riesgo existente basado únicamente en la edad, el sexo, el IMC y las condiciones preexistentes.

Dado que la mayoría de las personas que requieren asistencia respiratoria acuden al hospital alrededor de 13 días después de sus primeros síntomas, estos ocho días adicionales representan una ‘advertencia temprana’ significativa sobre quién es más probable que necesite cuidados más intensivos.

Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para la atención y el monitoreo de las personas que son más vulnerables a COVID-19 grave”, afirmó la doctora Claire Steves del King’s College de Londres. “Si puede predecir quiénes son estas personas en el quinto día, tiene tiempo para brindarles apoyo e intervenciones tempranas, como monitorear los niveles de oxígeno y azúcar en la sangre, y asegurarse de que estén hidratados adecuadamente: atención simple que se podría brindar en el hogar, evitando hospitalizaciones y salvando vidas“, agregó.

Casi la mitad de los pacientes en el grupo 6, es decir pacientes graves, con dolor abdominal y respiratorio, terminaron en el hospital (REUTERS/Amanda Perobelli)

Casi la mitad de los pacientes en el grupo 6, es decir pacientes graves, con dolor abdominal y respiratorio, terminaron en el hospital (REUTERS/Amanda Perobelli)

La investigadora principal, la doctora Carole Sudre, del King’s College de Londres, precisó: “Nuestro estudio ilustra la importancia de controlar los síntomas a lo largo del tiempo para hacer que nuestras predicciones sobre el riesgo individual y los resultados sean más sofisticados y precisos”. Este enfoque nos está ayudando a comprender la historia que se desarrolla de esta enfermedad en cada paciente para que puedan obtener la mejor atención “.

Ser capaz de recopilar grandes conjuntos de datos a través de la aplicación y aplicarles el aprendizaje automático está teniendo un profundo impacto en nuestra comprensión del alcance y el impacto de COVID-19 y la salud humana en general”, analizó Sebastien Ourselin, profesor de ingeniería de atención médica en King’s College London y autor principal del estudio, cuya preimpresión fue publicada en medRxiv.

El profesor Tim Spector agregó: “Los datos son nuestra herramienta más poderosa en la lucha contra COVID-19. Instamos a todos a tener el hábito de usar la aplicación diariamente para registrar su salud en los próximos meses, ayudándonos a adelantarnos a cualquier punto de acceso local o una segunda ola de infecciones “.

Los científicos del King’s College London también identificaron a la erupción cutánea o enantema como un síntoma clave de COVID-19 en hasta uno de cada diez casos. Sin embargo, no se reconoció como un síntoma durante el tiempo en que se recopilaron los datos para este análisis, por lo que actualmente se desconoce cómo las erupciones cutáneas se asignan a estos seis grupos.

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