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A 59 años de su nacimiento, vuelve Mafalda, con una serie por Disney: ¿la revolucionaria de los ’60 se convertirá en princesa?

  • Un viaje por el mágico mundo de Quino y de su comprometida criatura.

Si Mafalda supiera que para acordar la entrevista con la directora de su documental el texto habla de Who, When, What y Screeners, uno imagina que ella se hundiría en su odiado plato de sopa. Y si viera que durante el reportaje vía zoom con Lorena Muñoz debajo de su imagen dice “talent” en vez de realizadora, pediría sopa endovenosa. Los tiempos cambiaron, y tanto, que la niña más revolucionaria de los ‘60 ahora recobrará vida a través de Disney. Eso, de todos modos, no la convierte en una princesa. Menos mal.

Porque Releyendo: Mafalda, la docuserie que este miércoles 27 de septiembre estrenan en dúplex las plataformas Star+ y Disney+, es un cuidado y exquisito tributo a ese entrañable personaje que le hizo -nos hizo- un dos por uno a varias generaciones: reír y pensar al mismo tiempo.

Nacido del puño (y de la cabeza) de Quino, Mafalda logró ser más que una historieta. Es casi una ideología.

Y a 59 años de su primera aparición pública, con su pelo negro, su moño y su lengua afilada, el streaming la convierte en una serie de estos tiempos, moderna, con chiches tecnológicos, pero honrando el ABC de una buena biopic. O, mejor, de dos: porque esta producción de cuatro episodios cuenta quién fue la nena con cabeza de adulta y quién fue su creador, del que Releyendo: Mafalda regala preciosas perlitas. Inéditas. Mágicas. Más de uno que cree saber quién es Quino probablemente descubra ahora que tanta idea no tenía.

Éste no es el espacio para la crítica de series, pero ganemos tiempo, todos: es imperdible.

La serie va mostrando la evolución de Mafalda, el personaje que nació a pedido de una agencia de publicidad.La serie va mostrando la evolución de Mafalda, el personaje que nació a pedido de una agencia de publicidad.

Especialista en vidas ajenas

Una vez acordados en Who (el quién: Lorena Muñoz), el What (el qué: la entrevista virtual) y el When (un miércoles de septiembre, una semana antes del estreno), su realizadora explica que viene “del cine independiente, después hice la película de Gilda, que es un poco mas comercial si se quiere. Pero no había hecho trabajos para plataformas y, cuando me ofrecieron dirigir esta serie, mi aceptación fue inmediata. Eso se combinó con las ganas y con el compromiso. Es un proyecto que me interesa de manera personalMafalda es una serie que tranquilamente podría haber sugerido yo”.

Realizadora de Gilda, no me arrepiento de este amor y de El Potro, lo mejor del amor, entre muchas producciones audiovisuales, Muñoz nació en 1972, pero de chica le fueron llegando a sus manos los libros de Mafalda que ya habían leído sus hermanos mayores: “Y tengo dos hijos, de 21 y 18 años, que también han sido y siguen siendo fans de ella”, comparte del otro lado de la pantalla. Cuando termine la charla se tomará “unos mates. Ando con el termo por todos lados”. Pero hay protocolos en este “What”.

La lengua afilada de Mafalda y la mirada comprometida de Quino.La lengua afilada de Mafalda y la mirada comprometida de Quino.

Está en un salón virtual de Disney, plataforma a la que llegó a través de la productora Non Stop, que le presentó la idea.

-En ningún momento parece que fuera un trabajo por encargo.

-Por suerte, desde hace un tiempo, ya puedo elegir los trabajos que hago, y con éste no dudé ni un segundo. Siento mucha admiración por Quino, y eso suma responsabilidad. Él es un gran observador. Como si se reservara la energía del decir para su obra.

-En pequeños detalles, la serie descubre en Mafalda a su alter ego.

-No lo había pensado así, pero sí, es cierto… Yo siempre les digo a mis hijos y a mi papá que hago los proyectos que hago para aprender un poco más. Me entusiasmo, me meto y luego me quedo prendida cuando me interesan, como que me exceden.

-¿Y qué te dice tu papá?

-Que le pasa lo mismo. Le decía el otro día: ‘Bueno, voy a tener un junket de prensa’. Y el me decía ‘Vos cualquier cosa pensá en Mafalda y decí que no te gusta la sopa’¿Viste lo que es la metáfora de la sopa sobre los gobiernos dictatoriales? Es impresionante.

Suelta algo muy interesante sobre el peso que tiene la sopa en la historieta, pero evitemos spoilear. Cada testimonio, cada imagen, cada silencio, cada detalle fue “una decisión en conjunto. Tanto la plataforma como la productora me hicieron partícipe de todo. Fue un aprendizaje, no tengo tanta experiencia en esta metodología de trabajo. Bueno, dirigí hace poco una serie con Dalma Maradona (La hija de Dios, aún sin estrenar), pero cuento poco porque viste que no podés hablar mucho por contrato de confidencialidad, pero ya hubo prensa sobre esto. Como verás, todas mujeres últimamente”.

Lorena Muñoz, la directora de la serie, que sueña con conocer el departamento desde donde Quino miraba el país.Lorena Muñoz, la directora de la serie, que sueña con conocer el departamento desde donde Quino miraba el país.

-Ésta te la puedo pelear, porque es una serie sobre Quino, también.

-Bueno, entonces la de Dalma también me las vas a pelear.

Dueña de un buen sentido del humor y de la réplica rápida, entiende que en cada una de sus piezas biográficas “contamos la vida ajena y un poco la propia. La mirada de uno se refleja en la obra”.

-¿Ves la serie y te reconocés ahí?

-Siento que sí. El lenguaje de una serie es distinto al de una peli, pero absolutamente sí. Igual a mí me gusta mucho ir cambiando: hice documentales, despues Gilda, que es ficción y musical, hice la del Potro, una de Vinicius de Moraes para la TV Pública, de alguna manera también estuve en la construcción de Paka Paka, hice cosas para Canal Encuentro. Hice un corto de ficción, pero me interesa mucho lo biográfico.

La historia detrás de Felipe, el primer amigo de Mafalda en asomar al mundo.La historia detrás de Felipe, el primer amigo de Mafalda en asomar al mundo.

Todas las voces, todas, incluida la de Quino

Uno de los pilares de la serie es la cantidad de testimonios que ayudan a entender y dimensionar el “fenómeno Mafalda”, que no sólo trascendió generaciones, sino fronteras. Si no, vean -en realidad, vean todo, de ser posible- el pedacito del cuarto episodio en el que los noticieros del mundo dan cuenta de la muerte de Quino, en septiembre del 2020.

Esa recomendación corre sólo para aquellos que no sepan quién fue Joaquín Lavado, el padre de la criatura, y quieran comprobar el alcance de su huella. Pero lo mejor, para los que conocieron a los dos o no, es que la vean completa. Se puede maratonear, porque son episodios cortos -entre 23 y 35 minutos cada uno-, pero la historia que se cuenta amerita saborearla de a poco.

Se ve y se escucha a los que saben desmenuzar y analizar la creación gráfica con conocimiento de causa -como Maitena, Liniers, Montt o Tute, entre otros-, a historiadores, editores, a famosos que han crecido leyéndola, como Manu Ginóbili, Nancy Dupláa, Cecilia Roth o Gabriela Sabatini. La lista se robaría el espacio de esta nota. Entre todos se puede armar el rompecabezas mafaldísticocon retratos verbales y dibujados de los padres de la nena grande, de cada uno de sus amigos, de su hermanito.

Pero nada de esto cerraría el círculo si no estuviera la palabra de Quino, con esa voz suave, esa risa tímida y esa abrumadora militancia de la sencillez.

La mirada de Maitena ayuda a entender el fenómeno mundial de Mafalda.La mirada de Maitena ayuda a entender el fenómeno mundial de Mafalda.

El archivo bien usado suele ser una maravilla, y vaya si Lorena Muñoz supo sacarle punta. La serie va y viene en el tiempo, de los bocetos de la primera Mafalda a las modernas pizarras en las que ahora los colegas del humorista gráfico mendocino -miembros de un posible club de fans, si quisieran- buscan replicar sus trazos.

Y se los ve reproducir los zapatitos de Mafalda, los rulos de Susanita, los dientes de Felipe, el delantal infantil de almacenero de Manolito, los pelos locos de Miguelito, la miniatura física de Libertad, el chupete de Guille, el Citroën 2 CV del padre y la frustración y dedicación de la madre.

Todo mientras se van hilvanando frases que sueltan los convocados, y que, a modo de fogón, parecieran ser letras de una canción con destino de hit. Es que Mafalda, no sólo el personaje sino su universo -en tira de diarios, en libros de historieta, en todo tipo de merchandising-, fue un fresco de la sociedad de los ‘60 y principios de los ‘70. Y, además, sin fecha de vencimiento. Uno la lee hoy y parece que fuera… hoy. Ni siquiera ayer.

Primer cuadro de un día cualquiera de los ‘60: “Yo era así y ya oía decir que el país estaba en crisis…”, manito abajo. “Ya voy por acá y sigo oyendo decir que el país está en crisis”, manito más alta en el siguiente cuadro. Cierra: “¿La crisis tendrá hormonas de crecimiento como para llegar hasta dónde?”.

El actor español Santiago Segura, fan del planeta Mafalda. Aquí, escoltado por Manolito.El actor español Santiago Segura, fan del planeta Mafalda. Aquí, escoltado por Manolito.

Una chica beatle y un creador feminista

“Mafalda es de los ‘60 y nos dejó ese testimonio, como Los Beatles y como tantos otros productos culturales”, “Mafalda es re fan de los Beatles, como una buena chica de su generación”, “Les mueve el piso a los padres”, “Quino era feminista, no lo sabíamos, pero lo era”, “Quino era un hombre preocupado por el mundo”, “El personaje más visible de Mafalda es Susanita”, son algunas, pocas, de las muchas frases que van tejiendo este abrigo que llega en primavera.

También se lo escucha decir a Quino, como espiando desde su timidez, que “yo nunca me río de mis cosas. Salvo con Manolito” (el hijo del almacenero, estudia y trabaja, no conoce las vacaciones) o “Dibujo mal (…) Hay días en los que no me salen las manos”.

Quino, o Joaquín Lavado, nació y murió en Mendoza. Hombre que supo regar sus raíces.Quino, o Joaquín Lavado, nació y murió en Mendoza. Hombre que supo regar sus raíces.

Releyendo: Mafalda cuenta cómo y cuando nació su divina criatura, que si bien vio la luz el 29 de septiembre de 1964 en Primera Plana, ya había viejos palotes sobre ella, gestada por encargo, para la publicidad de los electrodomésticos Mansfield. Las letras de su nombre están enredadas en esa marca.

Pero mejor es oírlo a él contar la historia de la chica con compromiso social y rebeldía envidiable (iba a tener un hermano mayor, pero al final no), que se paseó por Primera Plana, El Mundo y Siete Días, hasta que en 1973 Quino decidió guardar ese lápiz. Y también varios sueños y armó las valijas.

Su vida, su muerte, sus confesiones, su estilo, su gracia y su mirada están condensados en la joyita que moldeó Lorena Muñoz.

El sueño de la directora

-Lorena, de todos los personajes de la serie, ¿con cuál te identificás más?

-Con Quino. Me querría meter en el departamento en el que él vivía cuando creó Mafalda, que es enfrente de mi casa, o sea que yo veo a Mafalda desde mi casa, en Defensa y Chile. Quiero meterme ahí a mirar por esa ventana para ver qué era lo que él veía cuando la creaba. Quiero sabe cuál era su mirada,

-¿No podemos hacerlo?

-Yo querría, podemos intentarlo.

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